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viernes, agosto 18, 2006

El regreso de los insoportables

Una de las secciones más polémicas de nuestro blog fue la de los insoportables. Al realizar esta clasificación se nos tildó de intolerantes, soberbios, misántropos y resentidos. No obstante, los insoportables existen. Admitámoslo. Un insoportable es una persona que despliega un comportamiento socialmente inaceptable, por ser nocivo para quienes tienen que interactuar con él. Ese comportamiento parece estar justificado por una serie de prerrogativas especiales que el protagonista cree tener, derechos particulares sólo acordados por una mirada egocéntrica, presumida o egoísta. El ejemplo clásico del insoportable es el que deja el auto en doble fila o bloqueando la bajada para discapacitados, jodiendo al resto de la gente. En el gimnasio el insoportable tiene un amplio campo de acción. Por lo general se trata de habitués, que como VIVEN en el gimnasio -según la sabia definición sociológica de Aira- se sienten poseedores de derechos VIP. Para monopolizar la cinta durante más de una hora, para decirte cómo hay que hacer los ejercicios, para desautorizar a los instructores -con tantas horas de entrenamiento ya saben más que ellos-, para meterse en las conversaciones ajenas, para pagar cuando se les da la gana, para retar a los que faltan o van pocas horas, para prender y apagar ventiladores, abrir ventanas o elegir la música, y por último, para obligar a la gente a sociabilizar. Todo con mucho Gordooo, sory y please. Bastante feo es ir al gimnasio para no tener un infarto antes de los cuarenta, pero los insoportables del gimnasio, que se mueven allí como en su hábitat natural, hacen que nos pongamos de peor humor.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

es verdad.
aborrezco desde lo más profundo de mi ser el ir a un gimnasio. Lo detesto.
pero como pasé un par de años los '40, y dado que mi actividad es por demás sedentaria (escritorio-avión-camioneta-avión-escritorio), este año opté por ir a un gimnasio, si bien no aeróbico, sino pilates.
pensé, erróneamente, que al ser más chico (apenas dispone de cuatro camas) tenía menos posibilidades de encontrar a algunos/as insoportables. Pero no fue así, al contrario...
los había, estaban, y para peor, como el lugar es pequeño, no hay manera de no escucharlos, de no verlos, de rehuirles.
fue nefasta la experiencia.
opté, alegando falta de tiempo (verdad a medias), una retirada al cabo de un par de meses.
quizás asumir el riesgo de un infarto bien vale la tranquilidad de no tener que aguantar a ciertas personas.
saludos

Anónimo dijo...

Vuelve Sibelius a manifestar que no se encuentra a gusto entre personas.
La gracioso es que probablemente los interlocutores de Sibelius en el gimnasio diran: "tenemos un compañero nuevo. Un amargo, todo el dia con cara de culo porque abrimos la ventana o usamos la cinta de mas".
En Argentina somos muy invasores de los otros. El carril de circulación en una avenida no importa, nos lamemos al encontrarnos, llamamos por teléfono a cualquier hora, etc...
Pero prefiero de todas formas adaptarme sin protestar (o como Marcelo, si definitivamente no me gusta, me voy y punto. No insisto).Hay que partir siempre del concepto "soy una mierda en el espacio, no joderé al prójimo, lo dejaré vivir lo más posible".
En España hoy en dia hay una cruzada contra el cigarrillo. Un compañero me comentaba ayer que habia rechazado buenas posibilidades de negocio en el Cono Sur porque no podia estar las 12 hs de vuelo sin fumar. Este señor, se fuma cada tanto un cigarrito a escondidas por ahi. Y eso crea reacciones airadas de los compañeros: rumores, quejas e incluso mas carteles de "no fumar" que los que la ley obliga (porque la ley dice los carteles que hay que poner en esta Europa idiota). Mi postura ante las quejas ha sido siempre relativizar, decir que aguantar un poco de humo (que en todo caso es mucho menos que antes de la ley) no nos va a matar. Y a mi realmente el humo del cigarrillo no me gusta para nada. Pero a el tipo lo hace muy feliz. Por que no transar? si, repito, soy un pedacito de mierda que flota con plazo de caducidad en este mundo. Mis decisiones afectan a poca gente, no puedo generar ni grandes alegrias, ni grandes desgracias, soy una de esas cosas insignificantes que hacen a la gran masa que vive en este planeta. Entonces...por que no dejarnos de joder y permitir vivir al otro lo más posible?
La histeria existencial, que se da mas entre muejeres que en hombres, en flacos que en gordos y entre personas dimunutas que entre personas altas (Hitler es el caso extremo, si hubiese sido mujer habría habido aún mas campos de concentración) es uno de los grandes males de este mundo. Y se cura, como comenté, reptiendo cada mañana a lo Luisa Delfino: "soy una cagada que morirá y por lo tanto voy a ir por este mundo con optimismo, tolerancia y asumiendo que mi lugar en este mundo es prescindible y por lo tanto moldeable".
El Ruso

Anónimo dijo...

Me quede pensando...si al histérico existencial le agregamos ser docente argentino, la tenemos hecha. Y si alcanzó el cargo de directora de escuelas....bue....
imaginatelo: mujer de clase media argentina, flaca, apenas un vector que sobresale del piso, jubilada como directora de la escuela numero 3 general Hipolito Lagarcha...I N S O P O R T A B L E.
Te la encontrás una mañana en la cola del banco provincia y te lleva la acidez al nivel de una pila duracel de esas que duran un huevo. Lo jodido que según mi teoría hay que aguantarla...vivís más feliz que si discutís. Eso si, como siempre con los auténticos insoportables (no los de Sibelius, que son apenas gente rompehuevos): te programas en beta, pensas en un paisaje o alguna rubia que este buena y largas los monosilavos...si, aja, no, etc...seguro que se despide chocha al final.
El Ruso

Anónimo dijo...

perdon...monosilabos...
El ruso

Sibelius dijo...

Yo no protesto, ni siquiera pongo cara de culo. En un lugar como un gimnasio paso desapercibida. Nadie me registra por lo poco que voy. La matoría de la gente pasa más tiempo en el gimnasio que con sus hijos. Ir por menos de dos horas se considera un sacrilegio. El otro día, después de la clase, todos se fueron a hacer abdominales. Alguien dijo que no podía quedarse y le gritaron:
-No te quejes si en el verano tenés panza y no podés ponerte la malla!
De manera que en un lugar así yo ni catalogo, sólo observo.

Anónimo dijo...

Lo peor en el gimnasio son las peleas entre las menopáusicas, que siempre tienen calor y las anoréxicas, que siempre tienen frío. Son dos de los ejemplares más corrientes en el gimnasio, y tienen intereses irreconciliables -peor que los fumadores y los no fumadores. Unas abren ventanas y prenden ventiladores. Las otras cierran las ventanas, insultan al que prende el ventilador, piden calefacción en noviembre y le gritan al que abre la puerta. A ninguno de los dos estereotipos le importan el resto de los mortales, que se mueren de frío con aire acondicionado y de calor con la calefacción.

Anónimo dijo...

Eso es lo que digo: la gente se pone idiota. Completo mi teoría: además de mirar hacia adelante y ver que sos un punto en la historia destinado a fenecer, hay que mirar hacia atras...macho...tus ancestros comían carne cruda, tus antepasados se cagaran de angustía en Europa probablemente con un par de guerras, tus viejos se aguantaron al proceso, y vos pasaste un default, una hiper, y una ola de secuestros express....me querés decir por que mierda te afecta tanto una corriente de aire, un poco más de calefacción o un tipo que se queda 20 minutos de mas en una cinta? Proablemente habrá un horario, o incluso otro gimnasio un poco mas a tu gusto. En las pequeñas cosas es mejor transar, ver el lado bueno, sin protestar.
Es de putos protestar por boludeces. De puto histérico.
El Ruso

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

No creo que el Ruso sea el sujeto adecuado para hablar de gimnasios.