Estimado Ariel Magnus:
Cuando comencé a leer una novela epistolar unidireccional donde un escritor quisquilloso le pide a la vieja que vive arriba suyo que cambie los zapatos que utiliza porque le molesta su ruido, coincidí por un instante con mis amigos que me retan por leer literatura argentina contemporánea, malversando muchas horas de lectura que serían más provechosas con clásicos.
Pero a poco de empezar, la empatía me hizo continuar entretenida con la lectura. Cuando el escritor insulta y suplica a su vecina que se quite los zapatos porque no puede tolerar su sonido, llega al reconocimiento de que los ruidos, tal vez, le molestan más de lo normal. Glosa, entonces, escritos y anécdotas de famosos pensadores aquejados de la misma dolencia, así como el caso de un escritor que en un acceso de locura incendió el taller de motocicletas que se encontraba al lado de su casa. Y me agradó por la identificación con este pobre escritor, ya que si bien tengo casi resuelto el molesto tema de la ausencia de silencio en mi casa, padezco mucho los ruidos en mi trabajo ya que la librería se encuentra en una calle comercial ruidosa y cercada de gente maleducada. Todos mis conocidos saben que mi suplicio diario es el camión de La Serenísima que se queda media hora en la puerta del negocio, y aunque alegue que perturba porque es parte del servicio que suministra este local el hacer escuchar los discos a los clientes, lo cierto es que el ronroneo constante del camión me altera los nervios. Agradecí mucho que contara que el problema de las sonoridades molestas no se solucionó, siquiera, yéndose a vivir al primer mundo extremo: Alemania, porque yo a veces creo que parte de las molestias auditivas tienen que ver con el país de cuarta que ocupamos. Por suerte Magnus nos alumbra al comentar que en Alemania las máquinas para limpiar son muy ruidosas, siempre están arreglando algo, y toda la población tiende a la borrachera y a tocar instrumentos.
Igualmente, uno de los pasajes que más me agradó es cuando tutea a la vieja y confiesa, enloquecido y sincero, sus íntimas dolencias y dudas. Que los ruidos le impiden escribir aquella novela que lo sustraiga a la mediocridad de la escritura de su generación: una pandilla de nihilistas desencantados aún antes de una vivencia que amerite la desilusión. Una legión de cínicos que se burlan de lo profundo vislumbrado como cursi y de la buena escritura entendida como pedantería.
“Yo soy parte de una generación perdida a la que le queda poco y nada de tiempo para producir algo digno antes de que se la coma la próxima. Los milicos aplastaron las utopías de nuestros viejos y mi camada se dejó entonces convencer de que el éxito no era ni buscarlo ni tenerlo, por lo que nos quedamos incluso sin la experiencia del fracaso. Ya de purretes mamamos la caída de toda esperanza con el muro y por eso creímos estar de vuelta de todo, cuando lo cierto es que nunca nos habíamos movido de nuestro corralito. El peso pasó a valer lo mismo que el dólar y nosotros a creer que vivíamos en la misma ciudad que Seinfield y que sus problemas, banales cuando no falsos, eran también los nuestros. La política dejó de ser una actividad honrada y el compromiso social se transformó en algo cursi, cosa de maricas. Ni siquiera es que tomáramos muchas drogas, porque también de los hippies estábamos de vuelta. […] ¿Sabés lo que significa escribir en un clima como ése, donde cualquier contenido está mal visto, donde hablar de temas serios se ha transformado en una grasada y dónde el anhelo de grandeza es una condena al ridículo? Y no estoy hablando de que mi generación esté compuesta por una manga de frívolos oligofrénicos, no querida, lo nuestro es mucho peor, lo nuestro es un refinado nihilismo festivo, una eufórica apología del vacío, una parodia consciente del existencialismo. Tanto cinismo nos confiere aires de gente adulta, pero lo cierto es que llegamos a la comedia sin haber pasado por la tragedia y recién ahora, ya entrados los treinta, nos empiezan a ocurrir cosas trágicas ante las que no sabemos cómo reaccionar porque nunca aprendimos lo que significa que te pasen cosas en serio.”
¿Qué decirte Ariel? A mi el camión de La Serenísima ni siquiera me priva de un escrito triste, sino de la lectura de aquellas novelas cuyo contexto de producción mencionás y de la escritura de reseñas sobre ellas. Que ni siquiera aparecen en Ñ o en ADN, sino en pequeños medios locales o en el blog de la librería. Y aunque mi labor sea subalterna dentro de lo subalterno, aún me creo con la prerrogativa, como si fuera Kant o Shopenhauer, de enojarme con los trabajadores manuales que no comprenden la labor intelectual.
Después, mi estimado Magnus, la novela se va a la mierda con las supuestas respuestas de la vieja, el viaje a Moldavia y la imaginación de ser el nietastro de la verduga, demostrando los niveles de absurdo que pueden aquejar la creación de alguien sugestionado por un ruido enloquecedor. La espiral de la locura se respira en cada página, como temo que me pase a mí todas las mañanas en la hora del ronroneo del camión. Por eso, como un mantra reparador, me gustó mucho este pasaje en carta a la vieja desde Moldavia:
“Extraño por eso no estar debajo suyo para probarme que puedo desentenderme de su taconeo sin el auxilio de tapones o ventiladores, simplemente con la fuerza de la no sugestión, la misma que deberíamos aplicar para probarnos que el infierno no son los otros sino nosotros mismos, mientras no aprendamos a ignorarlos.”
Estoy terminando esta carta con el camión verde y blanco frente a mis narices, tramando venganzas sutiles o dementes (ya he perpetrado algunas sin resultados positivos), mientras pienso que Cartas a la vecina de arriba me gustó mucho porque, igual que en otros trabajos de Magnus como Un chino en bicicleta y Muñecas, se resigna el gran relato serio, pero logra esbozarse idiosincrasias y manías con un humor que me encanta.
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jueves, septiembre 10, 2009
miércoles, septiembre 19, 2007
Ian Mc Ewan, En las nubes, Anagrama.
¡Qué buenos que están los libros que no se pueden definir! De En las nubes es difícil decir si se trata de un libro infantil, de una serie de cuentos fantásticos, de una autobiografía de infancia, de una curiosa novela. Es un poco todo eso, en un libro estupendo para cualquiera.
Se trata de la historia de Peter Fortune, una niño al que los mayores juzgan difícil por ser callado y preferir la soledad. Un chico que pudo parecer lerdo en la escuela, simplemente por dejarse llevar por su imaginación en lugar de concentrarse en lo que los maestros le pedían. Un niño que, simplemente, vivía en las nubes. Soñando historias que más tarde pudo escribir para que todos entendieran cuáles eran las cosas que le pasaban por la cabeza.
De manera tal que En las nubes reúne siete relatos extraños que aúnan tanta inocencia como perversidad, un poco al estilo de Silvina Ocampo (que también escribió relatos para chicos que no parecen muy infantiles, si se entiende que lo infantil es necesariamente naif).
En "Las muñecas" los juguetes de su hermana cobran vida y reclaman su derecho a vivir tan cómodos como los humanos de la casa; en "El gato" Peter se mete dentro del cuerpo del viejo gato de la casa; "La crema disolvente" es el más extraño de los relatos, cuenta como Peter hace desaparecer a su familia, a la que juzga culpable del perpetuo caos del hogar; "El matón" es un cuento buenísimo sobre cómo la fama de chico malo se puede cimentar en mitos que cuesta un minuto desmoronar; "El ladrón" narra la historia de un atrevido ratero que se dedicaba a saquear el vecindario casa a casa y las ideas que tejió Peter para atraparlo; "El bebé" trata sobre los celos de Peter respecto a su pequeño sobrino y cómo gracias a un pase de magia pudo experimentar el mundo desde los ojos de un bebé; "El adulto", en cambio, trata sobre las distancias entre la niñez y la adultez, en lo perdido y lo ganado en el intercambio que Peter experimenta cuando por un día deja de pertenecer a "La banda de la playa" para verse a sí mismo diez años después y experimentar la emoción del amor.
Lo fantástico de En las nubes es la forma en que logra reconstruir las ideas y sentimientos de infancia. Seguramente al leerlo recuperemos algunas curiosas ideas que tuvimos de chicos, gracias a relatos fantasiosos vinculados a metamorfosis, pases de magia, sueños que sirven para ponernos en el lugar del otro, para imaginar cómo se ve el mundo desde otros ángulos.
Muy lejos de las novelas de estilo policial descubrimos otro Mc Ewan, que parece narrarnos su niñez y la forma en que se forjó su imaginación y carrera de escritor.
Se trata de la historia de Peter Fortune, una niño al que los mayores juzgan difícil por ser callado y preferir la soledad. Un chico que pudo parecer lerdo en la escuela, simplemente por dejarse llevar por su imaginación en lugar de concentrarse en lo que los maestros le pedían. Un niño que, simplemente, vivía en las nubes. Soñando historias que más tarde pudo escribir para que todos entendieran cuáles eran las cosas que le pasaban por la cabeza.
De manera tal que En las nubes reúne siete relatos extraños que aúnan tanta inocencia como perversidad, un poco al estilo de Silvina Ocampo (que también escribió relatos para chicos que no parecen muy infantiles, si se entiende que lo infantil es necesariamente naif).
En "Las muñecas" los juguetes de su hermana cobran vida y reclaman su derecho a vivir tan cómodos como los humanos de la casa; en "El gato" Peter se mete dentro del cuerpo del viejo gato de la casa; "La crema disolvente" es el más extraño de los relatos, cuenta como Peter hace desaparecer a su familia, a la que juzga culpable del perpetuo caos del hogar; "El matón" es un cuento buenísimo sobre cómo la fama de chico malo se puede cimentar en mitos que cuesta un minuto desmoronar; "El ladrón" narra la historia de un atrevido ratero que se dedicaba a saquear el vecindario casa a casa y las ideas que tejió Peter para atraparlo; "El bebé" trata sobre los celos de Peter respecto a su pequeño sobrino y cómo gracias a un pase de magia pudo experimentar el mundo desde los ojos de un bebé; "El adulto", en cambio, trata sobre las distancias entre la niñez y la adultez, en lo perdido y lo ganado en el intercambio que Peter experimenta cuando por un día deja de pertenecer a "La banda de la playa" para verse a sí mismo diez años después y experimentar la emoción del amor.
Lo fantástico de En las nubes es la forma en que logra reconstruir las ideas y sentimientos de infancia. Seguramente al leerlo recuperemos algunas curiosas ideas que tuvimos de chicos, gracias a relatos fantasiosos vinculados a metamorfosis, pases de magia, sueños que sirven para ponernos en el lugar del otro, para imaginar cómo se ve el mundo desde otros ángulos.
Muy lejos de las novelas de estilo policial descubrimos otro Mc Ewan, que parece narrarnos su niñez y la forma en que se forjó su imaginación y carrera de escritor.
jueves, diciembre 01, 2005
Un viaje por la costa
Queríamos, ante todo, pedir disculpas por no haber actualizado el blog en el día de ayer. Tuvimos unas breves vacaciones en la costa y un almuerzo de trabajo fruto de una gentil invitación de la Editorial Sudamericana. Realmente quedamos impresionados con el crecimiento que ha tenido Mar de las Pampas y Mar Azul, lugares que recomendamos a aquellos que les gusta la playa y la paz que ya no se encuentra en Mar del Plata.
Pudimos conversar en ese almuerzo con los editores y directivos de Sudamericana, que nos comentaron un poco acerca de lo que se viene en el mundo editorial. Lo más interesante nos pareció la publicación, a partir del 2006, de una colección de relatos inéditos de Silvina Ocampo. Los sucesores de la genial escritora encontraron miles de manuscritos con cartas y relatos inéditos. Un detalle simpático fue el relato de uno de los editores acerca de cartas de amor entre Silvina y Bioy donde se referían a sus partes íntimas con sus nombres en diminutivo: “Mándale saludos a Silvinita....”
Realmente debe ser un trabajo placentero el del editor, aunque con sus sinsabores. Obviamente, lo más difícil de ese trabajo es tener que negarle a un autor la posibilidad de la publicación. Los editores reciben continuamente textos de dudosa calidad y cartas de súplica que en algunos casos llegan al patetismo. No estaría nada mal poder publicar algún día “El libro negro del editor”....
Pudimos conversar en ese almuerzo con los editores y directivos de Sudamericana, que nos comentaron un poco acerca de lo que se viene en el mundo editorial. Lo más interesante nos pareció la publicación, a partir del 2006, de una colección de relatos inéditos de Silvina Ocampo. Los sucesores de la genial escritora encontraron miles de manuscritos con cartas y relatos inéditos. Un detalle simpático fue el relato de uno de los editores acerca de cartas de amor entre Silvina y Bioy donde se referían a sus partes íntimas con sus nombres en diminutivo: “Mándale saludos a Silvinita....”
Realmente debe ser un trabajo placentero el del editor, aunque con sus sinsabores. Obviamente, lo más difícil de ese trabajo es tener que negarle a un autor la posibilidad de la publicación. Los editores reciben continuamente textos de dudosa calidad y cartas de súplica que en algunos casos llegan al patetismo. No estaría nada mal poder publicar algún día “El libro negro del editor”....
Otro tema de conversación fue el de las traducciones, y lo mal paga que esta la actividad. El precio de mercado es de aproximadamente $ 20 cada mil palabras, por lo que por una novela de 300 páginas se puede pagar $ 800 aproximadamente. Una buena traducción puede demandar meses de trabajo, y obviamente el deseo de acelerar este proceso por razones comprensibles, puede derivar en una traducción horrible.
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relatos
sábado, noviembre 26, 2005
JV recomienda
Esto no pretende ser un canon literario, sino simplemente un cronología de lecturas que quiero compartir con los visitantes de este sitio. Para aquellos que no han tenido o no se han permitido tiempo de lectura.
Yo mismo me sorprendo por lo ecléctico de la lista, pero así ha sido y así la transmito, lo que para mi fue placer, asombro, conmoción y aprendizaje. Sobre lo que me aburrió, me dejó indiferente o me indignó no voy a hablar, si bien este último ítem me tienta. Allá vamos:
1- Llámalo sueño, de Henry Roth:
Muy buena idea de Alfaguara en la publicación de estos clásicos modernos que incluye también libros de Conrad, Diderot, Stendahl, y Welty. Un escritor olvidado que para mí resultó una delicia. Esta novela publicada originalmente en 1934 y de la que simplemente copio la frase de José María Guelbenzú que figura en la contratapa: " La emoción de leer está servida".
2- Esperando los bárbaros, de J.M. Coetzee
Y por supuesto, todo lo que usted quiera de este Nóbel legítimo, imperdibles sus otros libros: Desgracia, Infancia, Juventud y el curioso y fascinante Elizabeth Costello, etc. Esperando los bárbaros evoca a la inolvidable "Desierto de los tártaros" de Dino Buzzatti.
3- Leer Lolita en Teherán, de Azar Nafisi
Una sorpresa. Conmovedor relato de una profesora de literatura y su clandestino grupo de lectura en la fundamentalista Teherán de Jomeini. Uno de mis preferidos.
4. Verdad Tropical, de Caetano Veloso
Si algo faltaba para que la admiración a este artista fuera total es el magnífico relato de su vida, que es a su vez el relato de la música popular brasileña. Para aquellos que se interesan por la historia de una de las más ricas músicas populares del mundo, un libro donde hay que entrar.
5. Confesiones de un burgués, de Sandor Marai
Bueno, este olvidado escritor húngaro resultó un descubrimiento mundial. En esta apenas disimulada autobiografía de juventud, disfrutamos del talento, sutileza, y elegancia del autor de "Último Encuentro", "La herencia de Esther", "Divorcio en Buda". En fin, todo recomendado.
6. Rosa de Miami, de Eduardo Belgrano Rawson
El libro más divertido del año. E.B.G. exhibe su viz cómica con un desopilante relato del caribe ubicado en la época de la fallida invasión de Bahía Cochinos.
7. La tierra elegida, de Juan Forn
Y seguimos con los argentinos. Magníficos artículos de este ex joven guardia de la literatura nacional, hoy en el exilio Geselliano junto a Guillermo Saccomano. Un libro ideal para aquellos que tienen poco tiempo para la lectura y que abre curiosidad sobre otros autores, otras historias.
8. La trilogía de Auschwitz, de Primo Levi.
Reconozco con vergüenza leer recién ahora esta trilogía conformada por "Si esto es un hombre", "La tregua" y "Los hundidos y los salvados". De lectura absolutamente imprescindible, y no es una forma de decir, no hay otro adjetivo que lo defina: imprescindible.
9. La velocidad de la luz, de Javier Cercas.
El impacto de "Soldados de Salamina" hizo que me acercara con cierta aprehensión a esta nueva "novela"? de Cercas. No salí defraudado en absoluto, ya estoy esperando la siguiente.
10. Enola Gay, de Gordon Thomas.
Para todo el mundo, que ya no fue el mismo después de Hiroshima, Thomas nos sienta en primera fila de lo que fue el llamado Proyecto Manhattan, y la conformación de la tripulación del avión que cambiaría el rumbo de la historia. A veces olvidamos que estamos en la primera fila y entramos al centro de la escena. Así de vívido es relato de Thomas.
11. Una americana consentida, de Russell Banks.
No huya ante el título (traicionera versión del original, Darling) ni ante el arte de tapa. Notable novela que se desarrolla en el marco de una de las tantas tragedias africanas, en este caso, Liberia. Su protagonista, uno de los personajes literarios del año.
12. Política y/o violencia, de Pilar Calveiro.
Alguien que desde un lugar de pertenencia pone el dedo en la llaga de uno de los temas más álgidos de nuestra historia contemporánea. La crítica y ausencia de autocrítica de la dirigencia montonera. Evitando la retórica fascista de "La teoría de los dos demonios", Calveiro nos planta ante interrogantes inevitables, para pensar la Argentina que viene y desde donde viene.
13. Con toda intención, de C.E. Feiling
Reparación necesaria para quienes pensamos que la muerte de Feiling en 1997, a los 36 años, era una tragedia en todo sentido. Este libro me acompañó en un gozoso fin de semana en Tandil donde disfruté con la ironía e inteligencia de este escritor. La última parte de este libro no la termino de leer para que siempre me quede un cachito de Feiling para el futuro.
14. La conjura contra América, de Phillip Roth
Bueno, y no quiero abusar, todavía estoy inmerso en la ucronía de Phillip. Pero aparte de la recomendación absoluta, una pregunta: ¿para cuando el Nobel para Roth?
PD: Como yapa van:
15- La joven guardia, Varios Autores
Antología de escritores argentinos de entre 25 y 35 años. ¿Qué están haciendo? Aquí a la respuesta en una excelente antología prologada por el maestro Abelardo Castillo. Coincido como en otros títulos con "la lectora de Sibelius" A.B.
Y por último "the last but not the least"
16- Obra Esencial, de Stephen Jay Gould
¿Un palentólogo? Sí. Una aproximación a la inteligencia, al conocimiento, con un magnífico talento narrativo de Gould. Y con el plus de lo más envidiable de todo, su maravilloso sentido del humor.
¿Hasta el año que viene? Este todavía no terminó y yo estoy eligiendo un nuevo libro. En Sibelius, por supuesto.
Firmado: J.V.
Yo mismo me sorprendo por lo ecléctico de la lista, pero así ha sido y así la transmito, lo que para mi fue placer, asombro, conmoción y aprendizaje. Sobre lo que me aburrió, me dejó indiferente o me indignó no voy a hablar, si bien este último ítem me tienta. Allá vamos:
1- Llámalo sueño, de Henry Roth:
Muy buena idea de Alfaguara en la publicación de estos clásicos modernos que incluye también libros de Conrad, Diderot, Stendahl, y Welty. Un escritor olvidado que para mí resultó una delicia. Esta novela publicada originalmente en 1934 y de la que simplemente copio la frase de José María Guelbenzú que figura en la contratapa: " La emoción de leer está servida".
2- Esperando los bárbaros, de J.M. Coetzee
Y por supuesto, todo lo que usted quiera de este Nóbel legítimo, imperdibles sus otros libros: Desgracia, Infancia, Juventud y el curioso y fascinante Elizabeth Costello, etc. Esperando los bárbaros evoca a la inolvidable "Desierto de los tártaros" de Dino Buzzatti.
3- Leer Lolita en Teherán, de Azar Nafisi
Una sorpresa. Conmovedor relato de una profesora de literatura y su clandestino grupo de lectura en la fundamentalista Teherán de Jomeini. Uno de mis preferidos.
4. Verdad Tropical, de Caetano Veloso
Si algo faltaba para que la admiración a este artista fuera total es el magnífico relato de su vida, que es a su vez el relato de la música popular brasileña. Para aquellos que se interesan por la historia de una de las más ricas músicas populares del mundo, un libro donde hay que entrar.
5. Confesiones de un burgués, de Sandor Marai
Bueno, este olvidado escritor húngaro resultó un descubrimiento mundial. En esta apenas disimulada autobiografía de juventud, disfrutamos del talento, sutileza, y elegancia del autor de "Último Encuentro", "La herencia de Esther", "Divorcio en Buda". En fin, todo recomendado.
6. Rosa de Miami, de Eduardo Belgrano Rawson
El libro más divertido del año. E.B.G. exhibe su viz cómica con un desopilante relato del caribe ubicado en la época de la fallida invasión de Bahía Cochinos.
7. La tierra elegida, de Juan Forn
Y seguimos con los argentinos. Magníficos artículos de este ex joven guardia de la literatura nacional, hoy en el exilio Geselliano junto a Guillermo Saccomano. Un libro ideal para aquellos que tienen poco tiempo para la lectura y que abre curiosidad sobre otros autores, otras historias.
8. La trilogía de Auschwitz, de Primo Levi.
Reconozco con vergüenza leer recién ahora esta trilogía conformada por "Si esto es un hombre", "La tregua" y "Los hundidos y los salvados". De lectura absolutamente imprescindible, y no es una forma de decir, no hay otro adjetivo que lo defina: imprescindible.
9. La velocidad de la luz, de Javier Cercas.
El impacto de "Soldados de Salamina" hizo que me acercara con cierta aprehensión a esta nueva "novela"? de Cercas. No salí defraudado en absoluto, ya estoy esperando la siguiente.
10. Enola Gay, de Gordon Thomas.
Para todo el mundo, que ya no fue el mismo después de Hiroshima, Thomas nos sienta en primera fila de lo que fue el llamado Proyecto Manhattan, y la conformación de la tripulación del avión que cambiaría el rumbo de la historia. A veces olvidamos que estamos en la primera fila y entramos al centro de la escena. Así de vívido es relato de Thomas.
11. Una americana consentida, de Russell Banks.
No huya ante el título (traicionera versión del original, Darling) ni ante el arte de tapa. Notable novela que se desarrolla en el marco de una de las tantas tragedias africanas, en este caso, Liberia. Su protagonista, uno de los personajes literarios del año.
12. Política y/o violencia, de Pilar Calveiro.
Alguien que desde un lugar de pertenencia pone el dedo en la llaga de uno de los temas más álgidos de nuestra historia contemporánea. La crítica y ausencia de autocrítica de la dirigencia montonera. Evitando la retórica fascista de "La teoría de los dos demonios", Calveiro nos planta ante interrogantes inevitables, para pensar la Argentina que viene y desde donde viene.
13. Con toda intención, de C.E. Feiling
Reparación necesaria para quienes pensamos que la muerte de Feiling en 1997, a los 36 años, era una tragedia en todo sentido. Este libro me acompañó en un gozoso fin de semana en Tandil donde disfruté con la ironía e inteligencia de este escritor. La última parte de este libro no la termino de leer para que siempre me quede un cachito de Feiling para el futuro.
14. La conjura contra América, de Phillip Roth
Bueno, y no quiero abusar, todavía estoy inmerso en la ucronía de Phillip. Pero aparte de la recomendación absoluta, una pregunta: ¿para cuando el Nobel para Roth?
PD: Como yapa van:
15- La joven guardia, Varios Autores
Antología de escritores argentinos de entre 25 y 35 años. ¿Qué están haciendo? Aquí a la respuesta en una excelente antología prologada por el maestro Abelardo Castillo. Coincido como en otros títulos con "la lectora de Sibelius" A.B.
Y por último "the last but not the least"
16- Obra Esencial, de Stephen Jay Gould
¿Un palentólogo? Sí. Una aproximación a la inteligencia, al conocimiento, con un magnífico talento narrativo de Gould. Y con el plus de lo más envidiable de todo, su maravilloso sentido del humor.
¿Hasta el año que viene? Este todavía no terminó y yo estoy eligiendo un nuevo libro. En Sibelius, por supuesto.
Firmado: J.V.
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