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jueves, octubre 22, 2009

Sylvia Plath y Janet Malcolm. El arte de morir y el arte de la biografía

¡Qué bueno que es leer un libro inteligente! Y eso es lo que nos ocurre al tomar La mujer en silencio de Janet Malcolm, interesantísimo ensayo sobre Sylvia Plath y Ted Hughes. El libro, más que intentar entender la compleja relación entre ambos, historia la vinculación entre los herederos de Sylvia Plath y sus biógrafos. Y al hacerlo trabaja muy agudamente sobre los límites de la profesión del crítico literario, el periodista y el biógrafo.

Sylvia Plath fue una americana casada con el poeta inglés Ted Hughes. En algún momento proyectó la imagen del ama de casa y madre feliz que también escribía, pero que ante la infidelidad y abandono de su marido se suicida metiendo la cabeza en el horno, en tanto dejaba la merienda preparada a sus hijos. Posteriormente, otras imágenes vinieron a complejizar este cuadro: el intento de suicidio a los veinte años, su contradictoria relación con la figura de un padre muerto tempranamente y el difícil vínculo con su madre. Y también el carácter posesivo y fuerte, así como la lucha por desnudar su verdadera personalidad. Estos datos confrontados fueron forjando imágenes encontradas: tanto la mujer perfecta mártir, como un icono del feminismo, una poetiza fuerte con una obra compleja, una escritora menor cuyo trágico final y escándalos por los derechos de los escritos suscitaron una atención más morbosa que literaria.

En cualquier caso, lo que seguro pinta con claridad la imagen de Plath es un clima de época previa al feminismo en el que una mujer como ella intentaba desarrollar una carrera y un sentir acatando las convenciones y con una vinculación compleja con el mundo masculino. Mundo de hombres representado en primer lugar por su padre, pero configurando un modelo dentro del que está incluido Hughes:


Siempre te he tenido a ti
Con tu Luftwaffe, con tu glugluglú,
Y tu recortado bigote
Y tu ojo ario, azul celeste.
Hombre-panzer. Oh, tú...

No Dios, sino una esvástica
Tan negra que ningún cielo podría cernirse.
Toda mujer adora a un fascista,
la bota en la cara, el brutal
brutal corazón de una bestia como tú.

De pie estás en la pizarra, papi,
En la fotografía que tengo de ti,
Una hendidura en la barbilla
En vez de en tu pie.
Pero no menos demonio por eso, no,
No menos que el hombre de negro.

Que puso freno a mi lindo y rojo corazón
Tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte intenté morir
Y regresé, regresé a ti
Pensé que hasta mis huesos volverían también.

Pero me sacaron de la talega
Y me reconstruyeron con goma.
Y entonces supe qué hacer.
Hice un modelo de ti.
Un hombre de negro con aire de Meinkampf.

Amante del tormento y la deformación
Yo dije sí, sí quiero.
Así, papito, he terminado al fin.
El teléfono se arrancó de raíz,
Las voces ya no pueden carcomerme más.


He matado a un hombre, he matado a dos
Al vampiro que dijo ser tú
Y bebió de mi sangre todo un año,
Siete años si quieres enterarte,
Papito, puedes descansar en paz ahora.

Hay una estaca en tu negro, burdo corazón,
A los aldeanos nunca les gustaste.
Están bailando y zapateando sobre ti,
siempre supieron que eras tú
Papito, papito: escúchame bastardo, acabada estoy.

A partir de esta fuerte poesía y la muerte trágica fue conformándose el mito de Sylvia Plath, al que contribuyeron una serie de libros sobre el tema. La posición de Ted Hughes y su hermana Olwyn –temible esfinge a la que tuvieron que enfrentarse todos los que, al querer escribir sobre Plath, necesitaban autorización para citar su obra o escritos privados¬ generaron un paradójico resultado. Al desear que no se hablara sobre el tema, quedaron como los villanos que intentaban ocultar sus fechorías, y al oscilar entre la censura a quienes escribían sobre Plath y la publicación por parte de ellos mismos de los diarios y la correspondencia, generaron una polémica sobre sí como guardianes de la obra. Lo inteligente del libro de Janet Malcolm reside justamente aquí: en el narrar con lucidez y gracia los diferentes encuentros con los protagonistas del mito de Sylvia Plath, y en esta descripción no obviar el factor del dinero. Dinero que cobró Hughes al publicar los diarios mutilados de Plath, plata que cobró Anne Stevenson en concepto de adelanto de derechos de autor por una obra que sintió que le dictaba Olwyn Hughes. Dinero que también percibieron las amigas cercanas que escribieron unas memorias que la defienden, el vecino de abajo que podría haberla salvado, o la crítica literaria feminista que sugiere que la poesía de Sylvia Plath tiene un carácter sexualmente indefinido. Otro detalle suspicaz es que Malcolm rechaza de plano la existencia de una biografía objetiva e imparcial. Al respecto dice:

“Escribir no es algo que se pueda hacer en estado de ausencia de deseos. La pose de la imparcialidad, la charada de la ecuanimidad, lo notable de una actitud de distanciamiento, nunca pueden ser más que tretas retóricas; si son auténticas, si al escritor no le importa de verdad que las cosas pasen de un modo u otro, no se sentiría motivado a representarlas.”

En este contexto, Malcolm se presenta más como una defensora de Ted Hughes y Olwyn que intentaron, de una forma en ocasiones contraproducente, preservar la intimidad de la poeta muerta y su familia contra las embestidas de la prensa morbosa. Cuestión en ningún sentido menor si tenemos en cuenta que el suicidio de la poeta se produce cuando sus hijos eran pequeños y su vida se vio jalonada por diferentes y dolorosas representaciones de su madre. El libro de Malcolm fue publicado en 1994, pero es significativo contar que uno de los hijos de Sylvia Plath se suicidó en el corriente año. No obstante la posición tomada, Malcolm hace bien de abogado del diablo, pues en la estructuración de su relato no dejan de mencionarse ciertos hechos e imágenes que contribuirían con la tesis opuesta: que Plath fue una gran poeta víctima de un entorno hostil. Por otra parte, los fragmentos de los poemas citados y su análisis nos dejan con ganas de más por su fuerza y su carácter anticipatorio. Por ejemplo, Malcolm nos cuenta la impactante lectura pública de Lady Lazarus meses antes de su muerte. Leerlos a la luz de los acontecimientos posteriores es sencillamente escalofriante por su mudo pedido de ayuda, por el carácter exhibicionista del acto del suicidio, por el sentimiento de predestinación:

Lo logré otra vez,
Me las arreglo —
Una vez cada diez años.
Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pie
Es un pisapapel,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.
Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso? —
¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.
Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí
Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.
Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.
Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.
Cómo me desenvuelven la mano, el pie —
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.
Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.
Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.
La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.
Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas/
Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.
Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo
Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:
'Milagro!'
Que me liquida.
Luego una carga a fondo
Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón –
De verdad sigue latiendo.
Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre
O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien HerrDoktor.
Bien. Herr Enemigo.
Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebe de oro puro
Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.
Ceniza, ceniza —
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda 00
Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.
Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.
Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.

Además de la honestidad con la que Malcolm trata el tema de la profesión del biógrafo como un entrometido en la vida ajena y al lector de biografías como un morboso, es también muy interesante el modo en que su escritura utiliza las analogías. Sus descripciones de los lugares y las personas son maravillosas porque además del detalle vívido logra la metáfora perfecta para el proceso de gestación de la obra. Así acompañamos a Malcolm en sus viajes en trenes y taxis por bibliotecas, casas y restaurantes entrevistándose con todos los que escribieron sobre Plath hasta llegar a su último encuentro con Trevor Thomas, el vecino de debajo de Sylvia que fue la última persona en verla con vida:

“Posteriormente, cuando pensé en la casa de Thomas (lo que hice a menudo; uno no se olvida fácilmente de un sitio así), se me aparecía como una especie de alegoría monstruosa de la verdad. Así son las cosas, decía aquel lugar. Así es la realidad inmediata, con toda su multiplicidad, azar, inconsistencia, redundancia, autenticidad. Ante el desorden magistral de la casa de Trevor Thomas, las casas ordenadas en las que vivimos la mayoría parecen mediocres y sin vida; igual, y en el mismo sentido, que las narraciones que se llaman biografías palidecen y se hunden ante la desordenada realidad que es una vida. También imaginé excitada que la casa es una metáfora del problema de la escritura. Todas las personas que se sientan a escribir no se enfrentan con una página en blanco sino con su propia mente abarrotada de detalles. El problema consiste en librarse de la mayoría de lo que hay allí. Llenar enormes bolsas de basura de plástico con el confuso revoltijo de cosas que se han reunido con el paso de los días, meses, años de vida y percepción de las cosas con los ojos, los oídos y el corazón. El objetivo es dejar un espacio donde unas cuantas ideas, imágenes y sentimientos puedan disponerse de tal modo que un lector quiera permanecer un tiempo entre ellos, más que huir, como yo había querido huir de la casa de Thomas. Pero esta tarea de limpiar la casa (de narrar) no es solamente trabajosa; es peligrosa. Existe el peligro de deshacerse de las cosas equivocadas; existe el peligro de tirar demasiadas cosas y quedarse en una casa demasiado vacía; existe el peligro de tirarlo todo. Una vez que se empieza a tirar, puede resultar difícil parar. Puede que sea mejor no empezar a hacerlo. Puede que sea mejor conservarlo todo, como Trevor Thomas, no sea que nos quedemos sin nada. El miedo que sentí en la casa de Thomas es primo del miedo que siente el escritor que no puede arriesgarse a empezar a escribir.”

Pero en cualquier caso, más allá del hallazgo del paralelismo, no es esto lo que le pasa a Malcolm, que construye un fantástico libro que no es ni una novela, ni una pieza de crítica, ni una biografía de Plath. Es una historia de la construcción del mito de la poeta suicida a partir de las semblanzas de quienes pusieron cada ladrillo. Y al hacerlo, Malcolm logra una imagen múltiple y compleja que tiene aquello de lo que carecen los anteriores escritos.

lunes, diciembre 12, 2005

Más libros de FCE

Hemos recibido, de la interesante colección Breviarios de Fondo de Cultura Económica, los siguientes títulos:

  • "El mundo de los incas", de Felipe Cossio del Pomar. ($23). La historia de los incas ha atraído siempre la atención de los amantes de la historia, y nos ha sido "contada" en varias ocasiones y en lenguas varias. A veces como en 'grand finale' del extenso espectáculo cultural que se vino desenvolviendo en la Antigüedad de la Sudamérica septentrional; otras veces como una historia completa en sí.Dijérase que algo así es 'El mundo de los Incas'. Su diferencia estriba en la llaneza del relato, en la débil presencia de metáforas y en la concreción de los hechos más salientes, atados éstos fatalmente a los grandes personajes. ¿Y cuáles son aquellos personajes? Los Incas por antonomasia; es decir los soberanos.
  • "El mundo de Odiseo", de M.I. Finley. ($24). El propio Finley se encarga de describir la naturaleza de esta obra; es, dice, "el retrato de una sociedad, fundamentado en la lectura minuciosa de la 'Ilíada' y de la 'Odisea', apoyado por el estudio de otras sociedades para elucidar ciertos puntos oscuros de los poemas". Libro polémico en el ámbito de los estudios homéricos, combina las nociones de la moderna antropología -e incluso de las ciencias sociales- con el acervo del conocimiento clasicista; así, Finley se propuso desde un principio redactar un texto complejo, pues complejos son los problemas planteados por esos "puntos oscuros" de los textos homéricos. La vida ortodoxa, que sostenía el carácter íntegramente micénico del universo homérico, fue liquidada por los desciframientos de las tablillas micénicas y por la arqueología. Así, la filología y la investigación directa terminaron por darle la razón a M. I. Finley, quien sostenía desde la primera edición de 'El mundo de Odiseo' la naturaleza plural de los poemas.
  • "La cultura egipcia", de John A. Wilson. ($25). Tras el rostro impasible y remoto de cada una de las esculturas egipcias se esconde el espíritu de un pueblo vivaz, humorista e intensamente práctico. Su cultura surgió con rapidez, floreció durante uno de los períodos más largos de que se tenga memoria y, de pronto, quedó petrificada. Dentro de un universo atemporal e ilógico, donde cada acontecimiento es sólo el resultado del capricho de los dioses, el egipcio se esfuerza en progresar, a pesar de negar expresamente todo progreso. Su historia, que no por ser lejana deja de ser importante para el hombre moderno, es el objeto de este libro.El autor, profesor de egiptología en el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, no intenta seleccionar los hechos más importantes y establecer cronologías, sino hacer, a partir de esos hechos, una historia llena de sentido; no se interesa por las dinastías ni por ningún faraón en particular, sino por la fuerzas que actúan en la cultura egipcia. ¿Qué fue lo que permitió a la civilización del Nilo vivir cerca de dos mil años? ¿Por qué se petrificó? ¿Por qué abandonaron los egipcios su triunfal negación de la muerte por un fatalismo amargo y desesperado? Al contestar a estas preguntas, Wilson describe, con excepcional habilidad, la historia de un gran pueblo y nos da a conocer los aspectos más humanos de una de las más ricas civilizaciones antiguas.
  • "Las amazonas: un estudio de los mitos atenienses", de William Blake Tyrell ($ 22). William Blake Tyrrell entiende el mito de las amazonas como un producto de la historia del pensamiento griego y, particularmente, de la Atenas clásica. Su origen lo encuentra en los ámbitos de la cultura de la guerra, la educación sexual y la etnografía. El patriarcado ateniense fincaba su hegemonía en una pedagogía que orientaba a los varones al combate y a las mujeres a la maternidad. El mito de las amazonas es justamente la inversión de este imperativo. La amazona va a la guerra, se niega a ser madre.
  • "El siglo de Augusto", de Pierre Grimal ($ 25). Para que un período histórico pueda simbolizarse con el nombre de una persona, ésta hubo de imprimirle su propio sello y una fisonomía espiritual particular. El "siglo de Augusto", que se extiende desde la muerte de César (44 a.C.) hasta la del mismo C. Octavio (14 d.C.), es uno de esos períodos: el 'principado augustal' supuso la renovación política y administrativa; el apogeo del arte y la literatura latinas: una nueva concepción arquitectónica; y la pacificación de los vastos dominios del Imperio.Con la edición de 'El siglo de Augusto', FCE recupera una de las obras fundamentales del sabio latinista francés Pierre Grimal, etapa fundamental de la historia de Occidente, con la convicción de que, a partir de los hechos históricos, se puede comprender la civilización a la que dieron origen y de la que somos, sin duda, deudores.

Nota: la propiedad intelectual de estos comentarios corresponden a FCE.

sábado, noviembre 26, 2005

JV recomienda

Esto no pretende ser un canon literario, sino simplemente un cronología de lecturas que quiero compartir con los visitantes de este sitio. Para aquellos que no han tenido o no se han permitido tiempo de lectura.
Yo mismo me sorprendo por lo ecléctico de la lista, pero así ha sido y así la transmito, lo que para mi fue placer, asombro, conmoción y aprendizaje. Sobre lo que me aburrió, me dejó indiferente o me indignó no voy a hablar, si bien este último ítem me tienta. Allá vamos:

1- Llámalo sueño, de Henry Roth:
Muy buena idea de Alfaguara en la publicación de estos clásicos modernos que incluye también libros de Conrad, Diderot, Stendahl, y Welty. Un escritor olvidado que para mí resultó una delicia. Esta novela publicada originalmente en 1934 y de la que simplemente copio la frase de José María Guelbenzú que figura en la contratapa: " La emoción de leer está servida".

2- Esperando los bárbaros, de J.M. Coetzee
Y por supuesto, todo lo que usted quiera de este Nóbel legítimo, imperdibles sus otros libros: Desgracia, Infancia, Juventud y el curioso y fascinante Elizabeth Costello, etc. Esperando los bárbaros evoca a la inolvidable "Desierto de los tártaros" de Dino Buzzatti.

3- Leer Lolita en Teherán, de Azar Nafisi
Una sorpresa. Conmovedor relato de una profesora de literatura y su clandestino grupo de lectura en la fundamentalista Teherán de Jomeini. Uno de mis preferidos.

4. Verdad Tropical, de Caetano Veloso
Si algo faltaba para que la admiración a este artista fuera total es el magnífico relato de su vida, que es a su vez el relato de la música popular brasileña. Para aquellos que se interesan por la historia de una de las más ricas músicas populares del mundo, un libro donde hay que entrar.

5. Confesiones de un burgués, de Sandor Marai
Bueno, este olvidado escritor húngaro resultó un descubrimiento mundial. En esta apenas disimulada autobiografía de juventud, disfrutamos del talento, sutileza, y elegancia del autor de "Último Encuentro", "La herencia de Esther", "Divorcio en Buda". En fin, todo recomendado.

6. Rosa de Miami, de Eduardo Belgrano Rawson
El libro más divertido del año. E.B.G. exhibe su viz cómica con un desopilante relato del caribe ubicado en la época de la fallida invasión de Bahía Cochinos.

7. La tierra elegida, de Juan Forn
Y seguimos con los argentinos. Magníficos artículos de este ex joven guardia de la literatura nacional, hoy en el exilio Geselliano junto a Guillermo Saccomano. Un libro ideal para aquellos que tienen poco tiempo para la lectura y que abre curiosidad sobre otros autores, otras historias.

8. La trilogía de Auschwitz, de Primo Levi.
Reconozco con vergüenza leer recién ahora esta trilogía conformada por "Si esto es un hombre", "La tregua" y "Los hundidos y los salvados". De lectura absolutamente imprescindible, y no es una forma de decir, no hay otro adjetivo que lo defina: imprescindible.

9. La velocidad de la luz, de Javier Cercas.
El impacto de "Soldados de Salamina" hizo que me acercara con cierta aprehensión a esta nueva "novela"? de Cercas. No salí defraudado en absoluto, ya estoy esperando la siguiente.

10. Enola Gay, de Gordon Thomas.
Para todo el mundo, que ya no fue el mismo después de Hiroshima, Thomas nos sienta en primera fila de lo que fue el llamado Proyecto Manhattan, y la conformación de la tripulación del avión que cambiaría el rumbo de la historia. A veces olvidamos que estamos en la primera fila y entramos al centro de la escena. Así de vívido es relato de Thomas.

11. Una americana consentida, de Russell Banks.
No huya ante el título (traicionera versión del original, Darling) ni ante el arte de tapa. Notable novela que se desarrolla en el marco de una de las tantas tragedias africanas, en este caso, Liberia. Su protagonista, uno de los personajes literarios del año.

12. Política y/o violencia, de Pilar Calveiro.
Alguien que desde un lugar de pertenencia pone el dedo en la llaga de uno de los temas más álgidos de nuestra historia contemporánea. La crítica y ausencia de autocrítica de la dirigencia montonera. Evitando la retórica fascista de "La teoría de los dos demonios", Calveiro nos planta ante interrogantes inevitables, para pensar la Argentina que viene y desde donde viene.

13. Con toda intención, de C.E. Feiling
Reparación necesaria para quienes pensamos que la muerte de Feiling en 1997, a los 36 años, era una tragedia en todo sentido. Este libro me acompañó en un gozoso fin de semana en Tandil donde disfruté con la ironía e inteligencia de este escritor. La última parte de este libro no la termino de leer para que siempre me quede un cachito de Feiling para el futuro.

14. La conjura contra América, de Phillip Roth
Bueno, y no quiero abusar, todavía estoy inmerso en la ucronía de Phillip. Pero aparte de la recomendación absoluta, una pregunta: ¿para cuando el Nobel para Roth?

PD: Como yapa van:

15- La joven guardia, Varios Autores
Antología de escritores argentinos de entre 25 y 35 años. ¿Qué están haciendo? Aquí a la respuesta en una excelente antología prologada por el maestro Abelardo Castillo. Coincido como en otros títulos con "la lectora de Sibelius" A.B.

Y por último "the last but not the least"

16- Obra Esencial, de Stephen Jay Gould
¿Un palentólogo? Sí. Una aproximación a la inteligencia, al conocimiento, con un magnífico talento narrativo de Gould. Y con el plus de lo más envidiable de todo, su maravilloso sentido del humor.

¿Hasta el año que viene? Este todavía no terminó y yo estoy eligiendo un nuevo libro. En Sibelius, por supuesto.

Firmado: J.V.

lunes, noviembre 07, 2005

Novedades y reposiciones


Recibimos hoy, de distintas editoriales, los siguiente libros:
  • Françoise Dolto: "La dificultad de vivir" VOl.1 y Vol.2
  • Fredric Jameson: "Las semillas del tiempo" (Trotta)
  • Stefan Zweig: "Ardiente Secreto" (El Acantilado)
  • Arthur Schopenhauer: " Metafísica de las costumbres" (Trotta)
  • Hugo Mujica: "Poéticas del vacío" (Trotta)
  • Friedrich Nietzsche: "Los filósofos preplatónicos" (Trotta)
  • Marc Augé: "Dios como objeto" (Gedisa)
  • Peter Burke: "Hablar y callar" (Gedisa)
  • Gianni Vattimo (compilador): "La secularización de la filosofía. Hermenéutica y posmodernidad" (Gedisa)
  • Julio Rey Pastor: "Historia de la matemática VOl.1 " (Gedisa)
  • James Elroy: "Loco por Donna" (Ediciones B): El anónimo pero excelente ensayo que prologa este libro sintetiza: “En tres novelas cortas se nos cuentan veinte años de historia de una relación entre un agente de la policía y una estrella del cine. ¿Qué los une? En la primera historia, mantienen su primer encuentro sexual después de un tiroteo. Sus abrazos alcanzan una intensidad similar a sus miedos y precisamente por eso se vuelven irrepetibles. Sólo podrán unirse de nuevo cada muchos años, cuando el flirteo con la muerte se los vuelva a permitir”. El amor, la vida, la muerte, la violencia, la intensidad de la prosa de Ellroy en el escenario de sus grandes relatos, la ciudad de Los Ángeles, hacen de ésta una de las mejores novelas del año.
  • Anne Rice: "Cántico de sangre" (Ediciones B)
  • John Katzenbach: "Al calor del verano" (Ediciones B)
  • Fabián Bosoer: "Generales y embajadores" (Ediciones B)
  • Francisco N. Juárez: "Historias de la Patagonia" (Ediciones B)

lunes, octubre 31, 2005

Razones para leer a a César Aira


¿Qué lleva a los pacientes lectores de Aira a seguir su producción frenética, soportar los absurdos giros en las tramas o las interminables disgresiones sobre temas científicos o teorías literarias que jalonan las historias, a veces de manera inconexa?
Tomás Abraham contesta este interrogante en uno de los capítulos de su ensayo "Fricciones". Desde su óptica, Aira puede ser delirante, o incluso a veces aburrido, porque las ocurrencias que despliega en los argumentos o las ideas brillantes que aparecen como perlas no anunciadas en algunas páginas, justifican la espera.
En "El Mago", aparece un hombre con poderes, pero sin inventiva, al que no se le ocurre otra cosa que hacer con su don que simular ser un ilusionista.
"El congreso de literatura" es un excelente retrato del escenario de las letras, que se transforma en una desopilante historia sobre un intento de clonación de Carlos Fuentes.
En "Los misterios de Rosario", es víctima de su sarcasmo el mundillo académico de la Facultad de Humanidades, en medio de una trama de intriga para obligar a una pequeña editorial local a editar libros de poesía.
"Las noches de Flores" y "La guerra de los gimnasios" retratan el barrio del escritor; en el primero trata la idiosincracia de los chicos que trabajan haciendo delivery, mientras que en el segundo analiza la naturaleza de las personas que dedican todo su tiempo a mejorar su cuerpo en el gimnasio. En "El tilo", se remonta a su niñez en Coronel Pringles para construir el mito del niño peronista...
En síntesis, Aira publica sin descanso, en todas las editoriales (desde Sudamericana hasta Eloísa Cartonera) sobre todos los temas. Podés leer una de sus breves novelas y encontrarla ridícula o absurda, pero si lees dos o tres penetrando en una forma de escritura particularísima, seguramente encontrarás tantas ideas divertidas y originales que correrás el riesgo de transformarte en un lector de Aira.