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miércoles, julio 26, 2006

Sibelius en la novela de Irving

Comencé hace unos días la extensísima novela de John Irving Hasta que te encuentre. He leído todos los otros libros del autor, por lo que no puedo privarme de éste, que ha sido señalado por el propio Irving como su trabajo más personal. Justo es decir que ha recibido críticas lacerantes, y que sus más de mil páginas acobardan un poco. Pero cuando nos encaprichamos con un autor, no podemos dejar de leerlo. Y digo encapricharse porque uno tiende a defender lo que le gusta. Cuando declaro que Irving es mi escritor favorito no pretendo decir que sea el mejor, sino simplemente me he encariñado tanto con el autor como con los personajes de sus novelas. Y es por eso que tomo con entusiasmo un extenso relato que Irving reconoce está inspirado en su propia vida.

En Hasta que te encuentre, Alice es seducida por un joven y talentoso organista de la parroquia en cuyo coro ella canta. Ella queda embarazada y él la abandona. Pero así como Alice se enamora de William irremediablemente, William descubrirá junto a Alice un universo adictivo que le permitirá a ella seguir su pista. El padre de Alice es tatuador, en su estudio el organista se hace el primer tatuaje de notas musicales, iniciando una pasión que no lo abandona. De esta manera, Alice podrá rastrear a William por Europa siguiendo la pista de los sujetos que tatúan al "hombre partitura". Esa búsqueda de Alice, marcada por la curiosa combinación de iglesias y estudios de tatuajes, será hecha junto a su pequeño hijo Jack, protagonista del relato.

Uno de los métodos que utiliza Alice para obtener datos sobre su amante desaparecido, es charlar con jóvenes también seducidas por él. Como Jack se parece mucho a su padre, algunas muchachas no podrán evitar sentirse atraídas también por él. Una de ellas, casi una niña, le susurra al oído a Jack la palabra clave: Sibelius. Y entonces se suceden una serie de aventuras en Finlandia. Evidentemente, esta coincidencia me llamó la atención. Sibelius es atendido por dos fanáticos de Irving. Después caí en la cuenta de que en una novela de más de mil páginas se deben mencionar a todos los compositores clásicos, a todos los países en que estos nacieron, y los nombres probables de todas las disquerías y librerías del planeta.

De la crónica diaria

El otro día leí en Wimbledon que la mayor parte de los post versan sobre asuntos personales. En este aspecto, como en la mayoría, se impone el egocentrismo. La gente no quiere escuchar al otro o intercambiar ideas, sólo hablar de sí. Fiel a esta tendencia, les cuento mi incidente del día, que entronca con un problema que padezco hace un tiempo.
Esta mañana en Mar del Plata tuvimos un día especialmente neblinoso y húmedo. Espantoso. Iba caminando con mi hijo de trece kilos a upa cuando me resbalé con una baldosa floja. Por un momento pudo parecer que me caía, pero rápidamente restablecí el equilibrio. Una vieja (señora mayor) acota:

-¡Caminá más despacio con la criatura encima!
-Métase en sus cosas!- les contesté yo caliente.
Maleducada!-me contesta la vieja.

Yo me alejé, ahora sí caminando rápido, y me quedé pensando que ante la gente que estaba en la calle la vieja había tenido razón: yo era una maleducada. El problema es que en un enfrentamiento verbal callejero, uno no tiene tiempo de desplegar las teorías sociológicas que justifican las reacciones.
El barrio donde vivo se caracteriza, además de por las veredas rotas, por estar habitado por un número desproporcionado de gente mayor. Desde que quedé embarazada, un montón de viejas que no conozco se sienten autorizadas a decirme cómo tengo que hacer las cosas:

-¡Qué panza chiquita! Hay que comer más cuando se está embarazada.
-Ese chico está demasiado abrigado, no ves que está colorado.
-Ese chico está desabrigado, se te va a enfermar.
-A esta edad no tendrías que llevarlo en cochecito, así no va a caminar nunca.
-Me parece que ya es tiempo de que le saques el chupete.
-Pobrecito en la calle tan temprano, el mejor lugar para un bebé es su casa.
-¡Cómo llora! Seguro que tiene cólicos deberías probar con manzanilla.
-Ese nene tiene hambre, ¿Hace cuanto le diste la teta?

Todas estas acotaciones las hacen las señoras mayores sin que uno les pregunte, sin siquiera conocerte, en la creencia de que la edad les da impunidad para opinar, para descalificarte como madre, para generalizar desde sus vivencias labrando leyes de la crianza absurdas, en fin, para meterse en lo que no les importa.
En las antiguas sociedades, el consejo de los ancianos era respetado porque la experiencia era la única forma de conocimiento. Hoy vivimos la tiranía de los jóvenes, porque Google nos da todas las respuestas: qué alimentación debe tener una mujer embarazada, cuántos kilos es deseable engordar, cómo debe vestirse un bebé, qué juguetes desarrollan mejor la motricidad, en que etapa debe realizarse el destete, que supuestos remedios caseros pueden ser dañinos. Los viejos que quieren manderle mails a sus nietos que viven en España nos tienen que pedir ayuda en el ciber. Sus conocimientos han quedado obsoletos. Sus hijos y sus nietos ya no los escuchan, es por eso que quieren impartir sus sabias enseñanzas a los pobres desconocidos que se cruzan por la calle. No se arroguen derechos que la sociedad ya no les confiere. No se imaginen funciones que nadie quiere darles! Yo no le digo a las viejas que van por la calle:

-¡Usted debería usar bastón! Una caída a su edad puede ser fatal.
- ¡Tiene que ponerse más abrigo! Si le agarra neumonía con sus años, no zafa.
Hoy, pobre, la ligó la vieja con sus consejos sobre la velocidad adecuada. Pero tienen que entender que las aldeas descriptas por Levi Strauss en las cuales los gerontes cumplían un rol rector esencial, hoy tienen Internet, un celular por habitante, riego artificial para cuando no llueve, y si tienen dudas sobre la crianza de los niños, miran en la televisión por cable Historia de un bebé o La niñera experta.

martes, julio 25, 2006

Respuesta al Ruso, por V.G.

Debo confesar que los largos comments de muestro comentarista estrella son particularmente atractivos. Responden a una línea de pensamiento aparentemente lógica, racional e informada. La cantidad de ecuaciones, nombres y referencias que realiza el Ruso son realmente apabullantes. Mis respuestas , generalmente breves, son para el Ruso algo así como "les hablé con la razón y me contestaron con el corazón". O podría decirlo como "te tiré datos de The Economist y me respondiste con una frase de Página/12".
El Ruso cree que mi principal pecado político es el de ser kirchnerista (si es que tal calificativo se aplica a quien lo votó) y por lo tanto, peronista -populista - demagógico. O simplemente idiota. Porque en la visión clara, pura y "racional" de nuestro querido amigo, los matices son sinónimo de tibieza. Y por sus comentarios y mails, plagados de ejemplos y contraejemplos, citas históricas y conclusiones tajantes, este gobierno es mediocre, poco democrático y nos va a llevar inexorablemente al fracaso. Peor aún, este gobierno es peronista, lo que en su mente liberal y europea, signfica que nos gobierna un grasa que usa traje cruzado, recauda alquileres en su provincia, es medio bruto y no conoce el mundo.
Mi primer atisbo de conciencia política (o algo así) fue allá por el año 1982, donde escribí en una agenda (pecado de niñez, ya que tener agenda a los 8 años califica para la página esdeputo.com ) la frase "papá odia a los militares". Cosa extraña, porque algunos buenos amigos militares de mi padre se sentaban con bastante frecuencia a la mesa de mi familia. Pero creo que ciertos reduccionismos sirven a la hora de aclarar el pensamiento. Y en esos tiempos era más que justificado odiar a una fuerza que se había dedicado a matar, saquear y violar todos los principios democráticos y de mínima conveniencia.
Recuerdo claramente la vuelta a la democracia, aunque no con la misma fuerza con que recuerdo esa sensación de asco a todo lo castrense. Alfonsín me caía simpático y me impresionaba entonces sus discursos grandilocuentes , como también el bigote raro de Caputo y los anteojos de Juan Vital Surrouille. Y en el medio las cagadas de siempre: Seineldín, Rico y La Tablada. Y después del horror de los 70´s, el gobierno de Alfonsín fue un oasis de civismo y democracia. Y también, claro está, de inoperancia radical.
Soy de la generación de los 90´s. Es decir, pasé mi infancia con la dictadura y con Alfonsín y empecé a madurar con lo que para mí fue en lo político la década infame: Menem y de La Rúa. Tengo bien presente la lista del espanto, que algunos quieren ahora olvidar o minimizar: bombas en la Amia y Embajada de Israel, tráfico de armas, voladura de Río Tercero, Vicco, Spadone, Gostanián, María Julia, el Ibrahim al Ibrahim como jefe de la Aduana sin hablar español, el caso IBM- Banco Nación, la Ferrari, la corte de payasos como Moliné O´Connor y Nazareno, los jueces federales,....y la lista sigue. Es por eso que cuando La Nación , o Lilita o el Ruso o muchos quieren poner en igualdad de condiciones a este gobierno con el de Menem e inclusive algunos más atrevidos con la dictadura nazi, me sublevo. Ni los periodistas comprados con los sobres de la SIDE podían ocultar en los 90´s semejante catálogo de aberraciones, continuación pseudo-democrática del saqueo y la decadencia golpista.
Es claro que no me engaño, éste no es el mejor gobierno que podemos tener. Pero es claramente, y por lejos, el mejor que había para elegir. Y creo que aunque pueda parecer triste o resignado, es una gran cosa. Nos hemos salvado por ahora de los Patti, los Reutemann, los Rodriguez Saa y los Sobisch de este mundo.
El prometido presidente por "6 meses" que prometía La Nación o el "títere de Duhalde" que auguraba el infame Grondona fue capaz de rearmar la autoridad presidencial, sostener el crecimiento, poner en la agenda el tema de los derechos humanos y la educación, reformar la Corte, aumentar el presupuesto de Ciencia y Técnica, bajar la pobreza y la indigencia y renegociar la deuda externa. Seguramente el Ruso responda que en realidad no hizo ningún cambio estructural, que es autoritario, provinciano y que no sabe gestionar. Y el peor de los pecados, no le da publicidad oficial al diario Perfil.
Sé que es un poco extraño en estos tiempos hacer una apología de un presidente. Porque seguramente lo más aconsejable sea ser crítico, confrontativo y desconfiado. Pero que la gran mayoría de aquellos que se llamaron a silencio durante la década del 90 (y no es tu caso Ruso) ahora vean en Kirchner la personificación del mal provoca en mí la necesidad de confrontar no con los pecados del presidente sino con la hipocresía de sus numerosos críticos.

sábado, julio 22, 2006

Rushdie compone a su propio asesino


Salman Rushdie alcanzó fama mundial cuando extremistas musulmanes lo amenazaron de muerte por las ideas que podían encontrarse en sus ficciones. No obstante, en Shalimar el payaso, el escritor redobla la apuesta y continúa vertiendo sus polémicas opiniones sobre el Islam. Específicamente, en esta novela explora el surgimiento de dos personalidades diversas: la de un diplomático americano involucrado en oscuras actividades secretas y la de un terrorista fundamentalista islámico. Son víctima y victimario con dos cosmovisiones opuestas del mundo. Pero además, Rushdie complejiza y enriquece la historia sumergiendo a estos personajes en una disputa privada que, como corresponde en toda buena novela, tiene que ver con una mujer.
Capítulo tras capítulo, el autor nos traslada a través del tiempo y del espacio. La historia parece surgir del corazón de Cachemira, donde un joven musulmán y una chica hindú se enamoran. Luego nos vemos transportados a Alsacia durante la Segunda Guerra Mundial, donde un joven judío que pierde a sus padres en un campo de concentración se transforma en un activo miembro de la Resistencia. Estas dos historias convergen en Los Ángeles alrededor del año 2000, en que víctima y victimario se encuentran cara a cara.
Pero uno de los pasajes más llamativos de la novela se produce cuando Shalimar el payaso entra en la clandestinidad transformándose en terrorista. Este pasaje tiene un momento clave: cuando Shalimar comete su primer asesinato. Y, paradójicamente, la primer víctima no es otra que el propio Rushdie: un escritor occidentalizado crítico del Islam, cuya descripción física coincide con la del autor. Rushdie enfatiza el hecho de que Shalimar sólo cumple órdenes, que no conoce a su presa ni entiende los motivos que la organización tiene para matarlo. En todos los rostros, él sólo puede ver el rostro del hombre que en realidad desea matar: el diplomático americano que corrompió a su mujer.
En una entrevista otorgada recientemente, y reproducida por Ñ, Rushdie reflexiona sobre la naturaleza de los terroristas. Se le pregunta si al componer unos personajes marcados por los saqueos, las violaciones y las humillaciones de sus comunidades, el autor no está justificando el terrorismo y, con ello, realizando una concesión a quienes lo amenazan de muerte. El novelista contesta que tal vez su trabajo esté marcado por un intento de comprender, pero que ese entendimiento no tiene por qué ser sinónimo de aceptación. En síntesis, Rushdie crea una novela original donde no falta ningún elemento: política, religión, romance, intriga y un toque sobrenatural. Un ítem en contra: una traducción plagada de españolismos y un tanto imperfecta que conspira contra la escritura de Rushdie.