Uno de mis programas favoritos es Tennis Pro, programa conducido por los tenistas Zabaleta y Chela. A quien nunca lo haya mirado, le cuento que no es un típico programa de cable sobre tenis. Los pibes filman con cámaras de mano cosas durante los torneos. Imágenes de las ciudades que visitan, la intimidad de los hoteles y los vestuarios. El programa es muy gracioso porque ellos tienen chispa, son ingeniosos y relajados. Le hacen bromas al resto de los tenistas profesionales (pero no a lo Tinelli: burlarse del otro porque no entiende tu idioma, y la mayor parte del tiempo se ríen de ellos mismos). No es muy factible explicar por qué el programa es bueno, hay que mirarlo. Te dan ganas de ser tenista. Ves que aunque los tipos son profesionales en un deporte súper competitivo, tienen tiempo para conocer los lugares que visitan, hacer amigos, y hasta un programa de televisión. Creo que cualquiera que hace un programa de cable se debe querer matar cuando ve Tennis Pro. Quiero decir, tienen mucha más gracia y espontaneidad que la mayoría de los conductores, tipos que dirán muy orgullosos que se dedican a hacer tele. Chela y Zabaleta son tenistas de alto nivel, y en el ratito que les sobra hacen un programa de tele que sale mucho mejor que los de aquellos que pueden dedicar su semana completa a eso.
sábado, agosto 05, 2006
jueves, agosto 03, 2006
Una segunda función
Amas de casa eran las de antes. Las que tenían velas en el segundo cajón de la cocina, justo debajo de los cubiertos. En caso de corte de luz, desplegaban un rápido y eficiente método de iluminación artificial sobre la base de las velas pegadas con sebo a viejos platitos Durax. Las amas de casa de hoy usan Lysoform en lugar de lavandina, Cif a cambio de Odex, un wok en reemplazo de las ollas y sartenes de aluminio, pero sobre todo, muchos imanes en la heladera, porque para qué hacer nosotras lo que otros hacen mejor. Pero no hay delivery para cortes de luz. Cuando el otro día se cortó el suministro eléctrico me di cuenta de que en casa hay velas con fragancia de vainilla y fanales que dan una luz difusa y sensual, pero nada de velas comunes. Entonces me paré a buscar a tientas uno de estos artefactos en un estante, y me pinché con un cactus en vasija de barro. Después, no podía prender la vela de vainilla porque la mecha estaba vieja (estos elementos decorativos datan de la época de la llamada Fiebre de las velas, que asoló a nuestras sociedades hace tres o cuatro años). Probé con el fanal, pero las velas de noche estaban pegadas al fondo, lo cual hacía la labor muy dificultosa. El trabajo, además, se veía interrumpido por las protestas de mi marido y el llanto asustado del bebé.
- ¿Por qué en esta casa no hay velas normales?- me cuestionó.
- Porque son feas, están éstas que son lindísimas.
- Pero no funcionan...
- Su principal función es decorar, y sólo como segunda función iluminar.
Finalmente pude prender las velas y nos organizamos para ir a dormir -no hay otra cosa que hacer si no se puede ver tele- mientras continuábamos el debate sobre la primacía de lo estético o lo funcional. A la mañana siguiente, el defensor del carácter funcional de las cosas saca su celular para hacer una llamada, y me acuerdo ¡de que el teléfono tiene linterna! ¡Y también de que defendió su compra aduciendo que tenía muchas segundas funciones!
Un libro prometedor
Se trata de Jefes tiranos y ejecutivos soberbios. Cómo tratar con ellos sin ser como ellos. Me entusiasma el tema. Pero el subtítulo debería haberme hecho entender que se trata de un libro sistémico, que busca soluciones de compromiso. Lamentablemente las vías elegidas por el autor no parecen encontrarse en hacer con ellos una brochette o arrojarlos a un puñado de niños hiperactivos en vacaciones de invierno con tres grados bajo cero. El autor más bien se inclina por estrategias de simulación, contar hasta diez, o hacerlos entrar en razones sobre la mayor eficiencia de las soluciones planeadas por los empleados maltratados. Una lástima.
Diálogo (real) en la Exposición Rural
- Do you have a cup of coffee?- pregunta una señora de aspecto elegante en un stand.
- Yes, of course!- contesta rápidamente la promotora, contenta de poder usar en su trabajo lo que aprendió en la Cultural Inglesa. Al fin los tan mentados turistas extranjeros para los que había que estar preparada.
- ¡Qué bueno hablar en inglés y que te contesten en inglés!- dice la señora mayor elegante con inconfundible acento de Barrio Norte.
Ante tal imbecilidad la promotora se queda sin palabras. Por suerte una voz anónima encuentra el comentario apropiado en el fondo del stand:
- ¡Qué pelotuda!
- Más pelotuda serás vos!- contesta rapidito la señora y se aleja en busca de gente tan estúpida como ella.
Seguro que no le faltó oportunidad. En la Rural incluso las vacas están dispuestas a hablar en un idioma extranjero para demostrar que están asociadas a un micromundo en dólares, TAN lejano de ese otro universo de los pesos y el castellano.
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