En la última feria del Libro en Madrid, hace dos meses, habia un stand auspiciado por el Ministerio de Cultura de España que pertenecia a las "Editoriales independientes argentinas". Me acerqué...había un melenudo, de hablar muy lento, probable estudiante fracasado de psicologia, buen vendedor...muy argentino. Un tipo de esos que saben que la vida es demasiado complicada y que vale la pena hacerla un poquito mas compleja. Me vendió unos 5 libros ilegibles...ensayos raros, una novela mal encuadernada de 100 paginas sobre un duende que no abrí nunca..pero entre los libros estaba este de los pichiciegos que me leí en una noche. No se si me gustó o no. Creo que encontré vicios míos, fallos de los nuestros que no me gustan nada, pero se que están ahi. Bueno...hay que leerlo si uno sabe como el melenudo que el mundo es una mierda y que vale la pena encontrar el horror y lo feo de tanto en tanto.
viernes, julio 07, 2006
miércoles, julio 05, 2006
Los pichiciegos
Hay libros que no sólo tienen valor por su contenido, sino por expresar los valores de una época. Uno de ellos es Los pichiciegos de Fogwill, reeditado recientemente por Interzona. Esta novela sobre la Guerra de Malvinas fue escrita en julio de 1982, cuando todavía no se habían difundido los testimonios de los ex combatientes. Igualmente, lo significativo de Los pichiciegos no es cuanto se aproxima a las vivencias reales de una guerra espantosa, sino anticipar la democracia y la literatura por venir. En su escrito Fogwill despliega el debate de la sociedad civil sobre los desaparecidos y el rol de las Fuerzas Armadas.Los pichiciegos posee la peculiaridad de ser una novela sobre la guerra en la que no se habla de la guerra, porque los pichiciegos son desertores internos. Combatientes que al observar la desigualdad de la contienda bélica, el autoritarismo, la maldad y la estupidez de los oficiales del ejército, deciden construir una cueva en la que planean esconderse hasta el final de la contienda. Mezcla de astutos, cobardes y traidores, los pichiciegos despliegan las estrategias de supervivencia necesarias para escapar con vida de Las Malvinas. Roban alimentos, canjean material con los ingleses a cambio de información, viven ellos mismos en un mundo autoritario, jerárquico y cruel. Pero también aparece un extraño heroismo, la amistad y la compasión.
La literatura de Fogwill, arquetípica de los años '80 y fundante de la literatura argentina actual, posee tanta originalidad como realismo, por eso ha operado como una inspiración para una nueva generación de escritores.
martes, julio 04, 2006
Confesores compulsivos
¿Qué lleva a los desconocidos a contarnos cosas que no queremos escuchar? Intempestivamente, mientras se da uno de esos encuentros fortuitos que posibilitan la vida urbana (peluquero/señora que se tiñe las canas, empleada de negocio de ropa/chica que necesita ropa para una cita, responsable de casa de revelado de fotos/cliente de paso que pasa a papel fotos digitales) se inicia una confesión. Y lo que se cuentan son cosas vergonzosas, que desearíamos no escuchar. Porque no queremos saber nada de viejos que se han quedado solos, mujeres con baja autoestima, operaciones dolorosas y un poco patéticas. Mientras le tiñen las canas la señora comenta que su marido se murió hace tres años. Fue un tipo que hizo inversiones inteligentes (aunque algunas un poco oscuras) e hizo muchísimo dinero. Ella tiene tres hijos. Uno de ellos, que siempre fue su preferido, es abogado. Pero es justamente él el que está llevando la sucesión a un proceso de confrontación y litigio con el propósito de despojarla de todos sus bienes. Obviamente, como ella crió muy bien a su hijo dilecto, la única conclusión posible es que la culpa es de su nuera. La chica, un poco gordita, se prueba mucha ropa buscando algo que le quede bien. Se hace tarde, ya la hora del cierre del local se pasó largamente y ella no se decide. Está nerviosa porque tiene una cita importante. El tipo le gusta mucho, aunque tenga veinte años más que ella y esté casado. Cuenta que a ella no se le hace fácil conseguir novio. Aunque él nunca abandone a su mujer, al menos es con ella un caballero y la invita a cenar (eso sí: la lleva a Santa Clara para que no los vea nadie). El hombre cuenta que son las fotos del casamiento de su hija. Que nunca pensó poder disfrutar del casamiento de ella, porque hace unos años le encontraron cáncer de próstata. Que ha sufrido mucho, que la enfermedad no sólo acabó con su autoestima, sino también con su sexualidad. Humildemente pregunto: ¿Quién les preguntó? ¿Por qué nos cuentan esto? ¿Por qué tenemos que ser testigos de su patetismo o miserias? La única solución que yo le veo a estos confesores compulsivos es que les cobremos la consulta.
-¿Cuánto es?- pregunta la señora mayor al peluquero. -
25 de la tintura, 25 del peinado y 80 por la terapia... 130 en total.
sábado, julio 01, 2006
Por qué es bella la literatura
Ayer a las tres de la tarde, padeciendo un estado de desolación insoportable a causa de la derrota argentina, tomé el librito de Ariel Bermani Leer y escribir. Pese a haber afirmado que la novela del mismo autor,Veneno, no me gustó enteramente, persistí comenzando esta novela del 2003 que, luego de haber obtenido el Segundo Premio Clarín, es publicada por Interzona este año. Me sumergí en el breve libro con pasión y de esa manera me perdí la renuncia del hombre Pek, los debates interminables de los cronistas deportivos, las opiniones del hombre común. Me extravié en la trama de manera tal que me olvidé de la decepción y la tristeza.
Leer y escribir describe un cosmos más acotado que Veneno y, tal vez por eso, su fórmula es más exitosa. Bartel es un bibliotecario de barrio, pero diferente de los ordinarios por no odiar los libros -correctísima observación: los bibliotecarios no sólo no conocen de libros, también los detestan. La descripción de esta biblioteca y sus personajes es tan divertida como veraz. Quien haya pasado muchas horas en una biblioteca popular comprenderá la exactitud de lo narrado. Empleados que llegan a cualquier hora, odio a los lectores a quienes se quiere echar, desactualización de los archivos, resistencia a la modernización.
Bartel se mueve en ese universo moroso y poco estimulante, así como deja transcurrir las horas en su casa leyendo, junto a una mujer y un pequeño hijo que apenas conoce. Pero decide transgredir las reglas y correr riesgos y aventuras que trasciendan sus lecturas y sus rutinas. Así comienzan cuatro días alocados en los cuales Bartel vuelve a su barrio natal, visita infrutuosamente a sus amigos de adolescencia -aquí aparecía esbozado el personaje de Veneno-, se pierde en tropelías en el centro de una ciudad triste y empobrecida. Si bien la búsqueda de Bartel es infructuosa, porque es un peregrinar sin objeto, tal vez la fugaz aventura lo cambie para siempre.
Acostumbrada ya a los breves capítulos de Bermani, y a una escritura sin adornos que nos centra en la trama, disfruté muchísimo Leer y escribir con las aventuras menudas de su alucinantes personajes.
Leer y escribir describe un cosmos más acotado que Veneno y, tal vez por eso, su fórmula es más exitosa. Bartel es un bibliotecario de barrio, pero diferente de los ordinarios por no odiar los libros -correctísima observación: los bibliotecarios no sólo no conocen de libros, también los detestan. La descripción de esta biblioteca y sus personajes es tan divertida como veraz. Quien haya pasado muchas horas en una biblioteca popular comprenderá la exactitud de lo narrado. Empleados que llegan a cualquier hora, odio a los lectores a quienes se quiere echar, desactualización de los archivos, resistencia a la modernización.
Bartel se mueve en ese universo moroso y poco estimulante, así como deja transcurrir las horas en su casa leyendo, junto a una mujer y un pequeño hijo que apenas conoce. Pero decide transgredir las reglas y correr riesgos y aventuras que trasciendan sus lecturas y sus rutinas. Así comienzan cuatro días alocados en los cuales Bartel vuelve a su barrio natal, visita infrutuosamente a sus amigos de adolescencia -aquí aparecía esbozado el personaje de Veneno-, se pierde en tropelías en el centro de una ciudad triste y empobrecida. Si bien la búsqueda de Bartel es infructuosa, porque es un peregrinar sin objeto, tal vez la fugaz aventura lo cambie para siempre.
Acostumbrada ya a los breves capítulos de Bermani, y a una escritura sin adornos que nos centra en la trama, disfruté muchísimo Leer y escribir con las aventuras menudas de su alucinantes personajes.
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