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domingo, mayo 07, 2006

Los lemmings en las empresas

Como es mi inveterada costumbre, continúo escuchando los diálogos en las mesas vecinas cuando voy a un café. El otro día había un grupo en un desayuno de trabajo. Capté que se dedicaban a organizar esos cursos para empresas, mezcla de terapia psicológica, lavado de cerebro y reality show. Iban tirando ideas, mientras se entusiasmaban con su propia creatividad y capacidad de innovación.
El próximo evento a realizar consistía en un camping para la gente del Banco X. Iban a comer asado, realizar juegos al aire libre en grupos, y por la noche, el infaltable fogón. Los juegos por equipos tenderían a reforzar los nexos entre los compañeros, resaltar la importancia del trabajo en grupo, fomentar relaciones entre personas o áreas que no se vinculan naturalmente y poner en relieve la importancia del funcionamiento de cada pequeño engranaje para que el resultado global sea positivo.
Uno de los juegos planeados estaba sacado de las técnicas de entrenamiento de actores. Se trata de ejercicios de confianza, en el que una persona se tiene que arrojar de espaldas y confiar en que sus compañeros van a impedir que se caiga.
Entonces se me ocurre la idea de montar una compañía trucha de cursos para empresas ,y fomentar un gran meeting en Acantilados. Organizar un speech sobre la interdependencia de las partes, la necesidad de que todos los eslabones de una cadena se encuentren perfectamente conectados, el valor de que los subordinados confíen en sus jefes, y los jefes en sus subordinados... Entonces la actividad consistiría en que todos los gerentes y CEO corrieran alocadamente en dirección al precipicio, en la certidumbre de que sus empleados formarán una barrera de contención que les impedirá caer al vacío. Los empleados, hartos de abusos, de horas extras impagas, de discursos sobre lo que los GANADORES hacen..., dejarían caer a todos los gerentes garcas, que como curiosos lemmings se suicidarían en masa con el propósito de lograr un nuevo equilibrio ecológico: una ciudad libre de gerentitos.

jueves, mayo 04, 2006

Sandor Marai: Divorcio en Buda, Salamandra.

Sandor Marai nació en Hungría en 1900 y falleció en Estados Unidos en 1989. Su obra es central para la literatura centroeuropea, pero sólo en los últimos años se ha reconocido la importancia de su contribución. El autor emigró de su país cuando éste pasó a formar parte de la Unión Soviética. Entonces sus obras fueron prohibidas en su tierra natal. Marai se suicida en California en 1989, paradójicamente, muy poco antes de la caída del Muro de Berlín. La prestigiosa editorial italiana Adelphi rescata la obra de Marai hace siete años, y desde entonces el autor obtiene el reconocimiento de la crítica y de los lectores. Los derechos de las ediciones castellanas los obtiene Salamandra, que en Argentina atravesó algunos problemas de distribución, por fortuna en la actualidad solucionados.
Divorcio en Buda pertenece al ciclo de trabajos de entreguerra de Marai. Es una novela breve y excelentemente ensamblada, que fascina al lector desde la primera hoja con unos personajes complejos que rememoran, quizá, lo mejor de la literatura clásica rusa. Se trata de un triángulo amoroso latente, pero también de mucho más que eso. Es la descripción de las angustias de la madurez, la complejidad de la vida matrimonial, una crítica a los dobleces de una clase social privilegiada, la descripción de la decadencia de la Hungría de entreguerras, y la tensión que generaba en el ambiente la inminencia de la Segunda Guerra Mundial. Kristóv Kömives es un joven y prestigioso juez. Todo en su vida parece ser límpido, ordenado, decente. El juez es tan prolijo en su vida pública como en la privada. Pero sin embargo, lo cercan dudas, lo amenazan sombras, relacionadas tal vez, con el abandono de su madre, con su crianza en un ambiente frío y duro, con la sensación de desconocer a su familia. El Doctor Greiner es un acreditado médico, hijo de gente pobrísima que logró ascender socialmente. Se siente un advenedizo, un impostor, pero logra superar todos los obstáculos para conseguir el amor de una mujer. ¿Pero qué pasaría si descubriese que su vida en pareja es una farsa? Lo invaden el vacío y los celos cuando admite que nunca podrá llegar a descubrir lo que anida en el fondo del corazón de su mujer. Ana es una mujer dócil, inane, que se arrastra por la vida sin preocupaciones, sólo ocupada por la vida social, la elección de los objetos decorativos de su casa, y su vestuario. Sin embargo, tras esa frivolidad y docilidad tal vez se oculte algo, y ella también tenga deseos y sueños que no ha logrado admitir ante sí misma... Los misterios de los personajes se resolverán en una noche crucial. Lo que de día parecía claro, decente, incuestionable y honorable, de noche puede ser dudoso, ambiguo, discutible. Y al atravesar esa noche, la vida del juez tal vez cambie para siempre o, simplemente, a la luz del día vuelva a ver el orden de su vida como un sistema inalterable.

Flores Rotas

Ayer vi Flores Rotas (Bill Murray y Julie Delpy). Me pareció excelente. Había escuchado varios comentarios en el sentido de que era demasiado parecida a Perdidos en Tokio. Claro que se repite Bill Murray , con sus gestos mínimos y su comicidad seria. Pero argumentalmente las películas difieren. Si uno tuvo la sensación de que en Perdidos en Tokio no pasaba nada y que era aburrida, decididamente no tiene que ver Flores Rotas. Si en cambio la estética y la forma realista de construir una historia le parecieron interesantes, puede reincidir.
Flores Rotas cuenta un fragmento en la vida de Don, un Don Juan envejecido cuya existencia parece circular en la repetición de una situación: las mujeres lo abandonan por su incapacidad para el compromiso. Pero cuando ya su carrera se encuentra en el ocaso, aparece un misterio que el protagonista se aviene a intentar resolver gracias a la insistencia de su vecino. La película comienza a transcurrir como una parodia de un film de misterio: un enigma, un hombre decidido a revelarlo, una serie de pistas... Pero la realidad suele ser más compleja que una novela de Agatha Christie: no siempre todos los datos encajan y llevan a una solución casi matemática.

martes, mayo 02, 2006

Saludamos a todos en el Día Internacional del Trabajo.

Saludamos a los trabajadores eficientes e intachables; y a aquéllos que roban tiempo a su jornada laboral leyendo este blog (hemos comprobado que las visitas a sibeliusdiario descienden sensiblemente los días no laborables, con lo que entendemos que hacemos un pequeño aporte para que la gente realice actividades no adecuadas dentro de su jornada de trabajo).
Saludamos a los que pueden expresar en pocas palabras lo que hacen: "mozo de Manolo", "cajero de banco"...; y a los que nunca se entiende qué hacen: "Brindo servicios de logística de manera tercerizada para empresas de servicios del área urbana" (¿?).
Felicitamos a los que laburan en empresas serias con organigramas claros, y a los que son psicólogos del jefe, niñeras de la hija del encargado y ponen plata de su bolsillo para que no les corten la luz.
Enviamos nuestros cariños a los empleados calificados que realizan a conciencia su trabajo, y a aquéllos que llegaron al laburo por un golpe de suerte, por un malentendido, porque generaron una impresión errónea en la entrevista... y están rogando que nadie se dé cuenta de que todavía no saben qué es lo que se supone que deberían hacer.
Felicitamos a los trabajadores modernos que utilizan todas las herramientas tecnológicas para hacer más rápido y eficiente su trabajo, y a los empleados pretecnológicos que sufren todos los días su jornada por tener que plantarse frente a una computadora insensible, repleta de misterios... como una mujer inaccesible.
Saludamos a los que sudan todos los días trabajando duramente, y a los que se encontraron un curro buenísimo como vender reiki bioenergético por Internet. Nos congratulamos por los self made men, hombres que se esforzaron por conseguir sus metas venciendo obstáculos, y a los que heredaron bienes inmuebles y todos los meses tienen la dura labor de cobrar las rentas que le producen sus propiedades.
Felicitamos a los que leen ¿Quién se ha robado mi queso? y Seis sombreros para pensar con el fin de perfeccionarse y aprender sobre management y liderazgo, pero también a los que leen El éxito de los perezosos, siempre en la vanguardia de las nuevas técnicas para trabajar lo menos posible y que el resto no se dé cuenta.
Saludamos a los triunfadores de ideas brillantes y mentes preclaras, y a los losers que siempre pergeñan planes que nunca ven la luz o se transforman en estruendosos fracasos. Felicitamos a todos los que tienen vocación, amor por lo que hacen, cariño por sus compañeros de jornada; y a los que detestan la ética del laburo, no creen que el trabajo dignifique, piensan que tienen cosas más importantes que hacer con su vida que consumir su tiempo generando plusvalía y detestan a su jefe.
Pero si nos permiten, saludamos con más cariño a estos últimos porque pese a no tener ningún incentivo, se levantan todos los días a cumplir con otra odiosa jornada.