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martes, enero 24, 2006

El Pepe y el Néstor

Tal vez como provocación a nuestro fiel lector y amigo Ignacio no vamos a hacer comentarios sobre el supuesto caso de censura al periodista Eliaschev. Para saber sobre el tema y leer las opiniones de Magdalena, Jorge, Nelson y el propio Pepe pueden comprar el diario Perfil donde continuamente se equipara el gobierno de Néstor con la dictadura del ´76.
Nosotros aportamos a la causa del Pepe y declaramos que tenemos en stock su libro "La intemperie", de la editorial Fondo de Cultura Económica, por la módica suma de $ 28.
Después no digan que no somos oportunistas.

La gran esperanza negra, por Santiago (*)

En los últimos diez o quince años hemos aprendido a convivir con el mundo de las super y no tan super modelos. Lejos han quedado los ’60 y ’70, cuando las pocas mannequins se contaban con los dedos de una mano, y eran pensadas como inalcanzables, erguidas en altos pedestales de mármol, perfectas y, paradójicamente, casi incorpóreas.

Los tiempos han cambiado: hoy tenemos la posibilidad de encontrarnos con una modelo en el supermercado, descubrirla en una disco haciendo una nota para su programa de TV o bien, si somos lo suficientemente afortunados, ser testigos de cómo una prima o una compañerita de colegio logra, siguiendo los sacrificados pasos que imponen los envíos de un reality show, cruzar el Rubicón de la alta costura.

Esta mezcolanza del ámbito de lo divino y lo bajo, lo glamoroso y lo desaliñado, lo admirable y lo abominable (el mundo de las modelos y el nuestro, respectivamente) ha tenido consecuencias nefastas. Una de ellas, la más evidente, es el incesante despliegue de envidia, cristalizado en el axioma que condena “las modelos son todas tontas”, que se aplica con el doble de rencor a las mannequins rubias.

El siguiente fragmento, extraído de una entrevista a Nicole Neumann publicada en Noticias el sábado 14 de enero, deja al descubierto la falta de validez de tal afirmación:

Cuarto acto. El bebé negro. Y este verano, en Mar del Plata.
Noticias: ¿Lo adoptaste?
Neumann: ¿Qué cosa?
Noticias: El bebé negro.
Neumann: ¡No! Todavía no.
Noticias: Pero seguís con la idea de hacerlo.
Neumann: Sí, claro. Es algo que quiero desde los 15 años. Las cosas que siento, sea como sea, en algún momento las logro.
Noticias: ¿Desde chiquita querías adoptar un bebé negro?
Neumann: Sí. Siempre quise adoptar chicos y, entre ellos, uno negro. Siempre.
Noticias: ¿Y está averiguando cómo hacerlo?
Neumann: Sí, me están averiguando en África y en Brasil. Porque en África es un poco más complicado. Por eso mis abogados están viendo en Brasil.
Noticias: Claro, debe ser un tema traerlo desde África.
Neumann: Aparte la ONU no promueve el tema adopciones, digamos, entre países. La gente me planteaba: "Pero acá en la Argentina, en el norte, también hay negritos". Sí, claro, yo también voy a adoptar chicos de la Argentina pero, ¿por qué pensar en Argentina o en pindonga? ¿Por qué no pensar que es un chico del mundo que estaba huérfano y que de golpe va a tener una casa y amor? Yo lo veo así, pero la gente es muy rebuscada.
Noticias: ¿Y a tu marido le gusta la idea?
Neumann: Sí, Nacho se copa.

Basta repasar les intervenciones en negrita (propiedad de Gonzalo Sánchez) para concluir que los posibles deslices de Nicole se ven opacados por la mediocridad, la falta de profundidad y la frivolidad del redactor.
(A menos que Sánchez sea también modelo y rubio; en ese caso, retiro lo dicho.)
(*) Santiago es colaborador de menosesmas (www.menosesmas.blogspot.com/) y masesmenos (www.mdqcdg.blogspot.com/).

lunes, enero 23, 2006

Que sea domingo

No me gustó tanto “Sábado” de Ian Mc Ewan. Tanto como a la crítica que la alabó sin excepciones. No digo que no esté maravillosamente escrita, que carezca de interés o que su ritmo arrollador no obligue al lector a seguir hasta el final. ¿Qué me molestó entonces? Tal vez el exceso de disquisiciones médicas que jalonan la trama, o la concepción ideológica de la novela. No sólo la justificación a la guerra en Irak, sino la confianza ilimitada del neurocirujano Henry Perowne en el progreso, la civilización y la democracia. Se me dirá que confundo al personaje con el autor, y que es factible que un exitoso profesional como Perowne piense de esa manera, pero lo que no es lícito es que Mc Ewan le de a sus contrincantes ideológicos argumentos pobres e infantiles.
Tal vez la novela me pareció molesta desde el punto de vista político, pero sobre todo, no logré empatía con su protagonista. Henry es tan buen médico, esposo, padre y ciudadano... tan ecuánime y razonable, como sensible y heroico. Tan generoso y comprensivo . “Sábado” transcurre en sólo 24 hs. en las que Henry actúa con tanto atino frente a los problemas que aparecen en su jornada, que un simple mortal lleno de defectos termina por desear que sea el domingo.

El hombre lento, de J. M. Coetzee

“El hombre lento” cuenta la historia de un hombre que en los albores de la vejez sufre un accidente a consecuencia del cual pierde una pierna. A partir de allí la vida de Paul se derrumba. Asiste al ocaso de su masculinidad, se pone en evidencia su soledad y la esterilidad y el vacío de su vida, así como las escasas posibilidades de conservar la dignidad en tales circunstancias. El surgimiento de un sentimiento amoroso por su enfermera, es más un inconveniente que una luz en su tristeza. Las perspectivas de Paul no son realistas, y este amor por una mujer casada, con hijos, plena y feliz, sólo le recuerda a él su propia soledad y el vacío. La aparición de Elisabeth Costello –personaje de otra novela de Coetzee- produce un viraje en la trama. A partir de allí la novela aparece como un contrapunto entre Paul y Elizabeth, dos personas mayores enfermas y sus reflexiones sobre como continuar con sus vidas.
Coetzee retoma en “El hombre lento” temas que ya había abordado en novelas anteriores, que adquieren aquí su forma más acabada: la vejez y las marcas del cuerpo, los sentimientos entre hombres y mujeres muy diferentes, que no necesariamente tienen que ver con lo sexual, la existencia de formas de convivencia extrañas, que producen la sensación de casa tomada, y también la ausencia de los hijos. La última novela de J. M. Coetzee, nos obliga a pensar que este escritor sudafricano es un punto de referencia imprescindible de la narrativa contemporánea.