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viernes, septiembre 29, 2006

La perversión de la sortija

El chico encargado de la sortija en la calesita tiene que tener un montón de conocimientos importantes: de psicología infantil, marketing, economía... Sí; así como uno lo ve, con esa pinta de dormido, realiza una labor sutil y mortífera. En primer lugar, tiene que ser hábil para engañar a los niños, que suponen que ellos son los que ganan la sortija. En segundo lugar, tiene que saber a quién y cuándo hay que regalársela. Si hay hermanos es fácil: cuando la madre amenaza con bajarlos hay que darle la sortija a uno para que la madre pague la vuelta del otro, y después al revés. Ni bien sube un chico a la calesita, hay que darle la sortija, cuestión de hacerlo sentir que es muy sencillo. Después dejar que la madre pague vueltas y vueltas. Los niños son persistentes y no perderán la ilusión de ser nuevamente favorecidos. De alguna manera oscura, además, debe hacerle sentir a cada niño que él es el favorito. Cosa que el chico prefiera esa calesita sobre todas las demás (aunque la música sea horrible y los caballitos espantosos). En conclusión: gran cantidad de comerciantes deberían aprender el sutil arte de la sortija: algún ardid que incentive a los clientes a seguir consumiendo.

Polémica en el blog

Pese a escribir en un blog que genera y fomenta las polémicas, luego de leer dos posiciones encontradas frente a un tema, me pregunto si es factible el debate de ideas. Uno toma el texto del contrincante. Lo desmenuza. Se aferra de una frase con poco sustento o ridícula. Invierte los parámetros de juicio y devuelve la pelota. Como en el tenis. Si uno absorbe algo del argumento ajeno, finge no admitirlo. O admite algo tan colateral como superfluo. Desempolvamos ideas, movemos neuronas, elegimos palabras, buscamos ejemplos, y eso no nos sirve para nada. O sí: nos sirve para, al calor de la polémica, reforzar nuestras propias posiciones.

jueves, septiembre 28, 2006

La biblia y el calefón: Evita versus the War Cabinet Rooms, por el Ruso

Hacia mucho que no escribía en este blog. Ante la carta de Manucho, me vi una tarde defendiendo a Churchill y me di cuenta de que algo no estaba funcionando. Que hacía yo, pequeño pelotudo, defendiendo al vencedor del nazismo? Y encima defendiéndolo frente al dos veces frustrado presidente de la Argentina, un eterno exiliado en cuanta dictadura de habla hispana haya habido. Además me recomendaban cursar una carrera en ciencias sociales, cuando soy graduado en una (económicas) y que viendo su bajo poder científico hace 3 años, a los golpes, estoy cursando la licenciatura en matemática. Luego me increpaban por leer un libro (que tampoco me acuerdo de sus autores) del cual solo extraigo su conclusión; papers de economistas que explican lo malo de las políticas de economía cerradas y dirigistas hay miles, pero ninguno termina diciendo que los que las implementan son “perfectos idiotas”. Esta es la gracia del libro, que no quiere ser un tratado completo sino un panfleto. No es el Capital, sino el Manifiesto. Manucho no sabe diferenciar. En fin, tanto desatino me termino por persuadir de que era mejor no postear más en Sibelius . A esta altura del partido es mejor no tener que defender a Churchill.
Ahora, el lunes 25 fue mi cumpleaños y decidí ir a pasarlo a casa de unos amigos en Londres. Y el plan que me prepararon fue cena en el “gaucho grill” (que gracioso es comerse un bife de chorizo a las 6 de la tarde) y luego Evita, el musical con nuestra compatriota Elena Roger haciendo el papel de la “santa de los descamisados” (muy bueno en el programa aquello de que “Miss Roger has taken part in “El sodero de mi vida”). Por lo mañana había ido a visitar el bunker que se puede exhibir orgulloso: el gabinete de guerra subterráneo desde el cual Churchill dirigió su esfuerzo militar, manteniendo al Reino Unido prácticamente como la única democracia de Europa. Es gracioso que cuando busqué el otro bunker, el bunker al que por cierto Perón le ponía sus porotos (!), no lo encontré. Los rusos lo incendiaron y los alemanes borraron todo rastro de donde estaba la puerta. Berlín se perdió así un museo.
Me dio gracia que ahí tenía a los dos personajes que Manucho me proponía como tema de debate. Uno de los grandes de la historia, con grandes virtudes y grandes defectos (su mentalidad colonial es uno de ellos), y otro de los personajes menores (un tipo cuya influencia mundial hoy en dia es mas patente en el folclorismo de su esposa que en sus ideas políticas). No me parecen comparables.
En fin, que es mejor pasar cuando a uno le proponen discutir cosas así. Cuando Manucho empezó diciendo que él era de los que “resistían las ideas que venían del FMI y Norteamérica”, me debería haber dado cuenta de que estaba perdiendo el tiempo. Generalmente (aunque no siempre) los que se quejan de las ideas económicas canadienses suelen ser gente poco práctica y con un gran sentido de la autodestrucción.
Ayer salió en la Nación que la Argentina había perdido puestos en la competitividad mundial. Mientras que ciertos índices estaban bien (la educación primaria por ejemplo en el puesto 23 a nivel mundial), en la gestión pública estábamos 107, solo a 7 lugares de peor calificado (me imagino que sería Burundi o Sri Lanka). Esto, como le dije a Manucho por teléfono, es lo que me preocupa del peronismo: su nulo acento en el gran problema argentino, que es para mi la calidad de la gestión pública (eso incluye desde los hospitales, hasta los fondos fiduciarios, el rating B, el default y la policía que parece que se cargó al albañil López). El peronismo no sabe de management y transparencia, no sabe de gestión democrática, de meritocracia en los cargos públicos, etc...y eso hasta Manucho me lo admitió. Por lo tanto seguiremos siendo pobres.En resumen, no voy a discutir sobre Churchill cuando tenemos a Quindimil, Moreno y de Vido gobernándonos a nosotros. Algún dia a Manucho le va a tocar trabajar e invertir en el país. Ese dia tal vez se de cuenta de que lo mas probable es que se llene de problemas, los problemas de la pobreza. Esa que no solucionaremos jamás con este liderazgo, ni para los peronistas ni para la gente normal. Salvo que Manucho se encuentre un “currito” de esos en la Universidad, o en el Partido o en el gobierno que le permita vivir muy bien y seguir siendo un “perfecto idiota” al mismo tiempo.

El problema de la inmortalidad

Sé que no está bien decirlo, y que además es un lugar común, pero qué desgracia que Menem ya esté estable. Porque esto reafirma la teoría de que en realidad es inmortal. Y si no piensa morirse, los argentinos corremos el riesgo de volver a votarlo. Es otra vez presidente, terminamos detestándolo. Después, presos de amnesia colectiva nos olvidamos de las ofensas recibidas y lo elegimos 30 años después. Así eternamente.