Cuando abrí la caja de novedades de Emecé me alegró mucho ver un nuevo libro de Forn. Luego descubrí que en realidad es la reedición de una novela escrita en 1987 que en aquel entonces se había llamado: Corazones cautivos más arriba, en homenaje a un poema de Juarroz: “Hay vidas que son como la lluvia./ La lluvia es también el testimonio/ de corazones cautivos más arriba.”
Como vivimos pendientes de las novedades, siempre enterarse de que el libro que uno tomó con entusiasmo es reedición desilusiona un poco. Decepción ridícula porque si uno no leyó el libro y le interesa el autor, no tendría por qué importar que el copyright sea del 2009. Y en el caso de esta obra es más que cierto porque se trata de una novela sobre la adolescencia cuyas vivencias permanecen muy frescas en un joven Forn.
Es muy interesante la forma que adquiere la novela, ya que al estar narrada en segunda persona adquiere un clima extraño y especial. Al respecto, el propio Forn comenta que ese uso se remite a la voz de la conciencia de un chico liero que pensaba: “Ahora te van a pescar y te van a joder bien jodido.” Con este formato particular nos vamos acercando a la vida de Iván que hace cosas como cortar y quemar las rosas que cultiva con amor su abuela, agredir a sus compañeros de colegio… y ni siquiera sabe por qué. Ante un adolescente incontrolable, una madre asustada decide mandar a su hijo con su abuelo. Así llega el protagonista a La Cumbre. El librito narra las experiencias en la casa familiar, junto a un abuelo tan particular como Galo, y con personajes entrañables como Amelia y Aurora. Las sensaciones de un chico dolido y descarriado de trece años están retratadas con vividez tal que estremece. Seguramente porque nos recuerdan las propias: ese actuar enérgicamente pero por unos motivos que nosotros mismos desconocemos en una búsqueda ciega que nos irá constituyendo como personas.
En Corazones Forn cuenta el dolor y la rabia de la pérdida, el primer amor, el descubrir los lazos que unen los padres a los hijos, la posibilidad de la perversión en el mundo adulto. Los sutiles lazos que al anudarse despaciosamente nos transforman si no en adultos, al menos en no criaturas.
Como vivimos pendientes de las novedades, siempre enterarse de que el libro que uno tomó con entusiasmo es reedición desilusiona un poco. Decepción ridícula porque si uno no leyó el libro y le interesa el autor, no tendría por qué importar que el copyright sea del 2009. Y en el caso de esta obra es más que cierto porque se trata de una novela sobre la adolescencia cuyas vivencias permanecen muy frescas en un joven Forn.
Es muy interesante la forma que adquiere la novela, ya que al estar narrada en segunda persona adquiere un clima extraño y especial. Al respecto, el propio Forn comenta que ese uso se remite a la voz de la conciencia de un chico liero que pensaba: “Ahora te van a pescar y te van a joder bien jodido.” Con este formato particular nos vamos acercando a la vida de Iván que hace cosas como cortar y quemar las rosas que cultiva con amor su abuela, agredir a sus compañeros de colegio… y ni siquiera sabe por qué. Ante un adolescente incontrolable, una madre asustada decide mandar a su hijo con su abuelo. Así llega el protagonista a La Cumbre. El librito narra las experiencias en la casa familiar, junto a un abuelo tan particular como Galo, y con personajes entrañables como Amelia y Aurora. Las sensaciones de un chico dolido y descarriado de trece años están retratadas con vividez tal que estremece. Seguramente porque nos recuerdan las propias: ese actuar enérgicamente pero por unos motivos que nosotros mismos desconocemos en una búsqueda ciega que nos irá constituyendo como personas.
En Corazones Forn cuenta el dolor y la rabia de la pérdida, el primer amor, el descubrir los lazos que unen los padres a los hijos, la posibilidad de la perversión en el mundo adulto. Los sutiles lazos que al anudarse despaciosamente nos transforman si no en adultos, al menos en no criaturas.

