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martes, mayo 08, 2007

Segio Bizzio: Rabia, Interzona

A fines del año pasado leí los cuentos de Sergio Bizzio reunidos bajo el nombre de Chicos. Me gustaron mucho, por lo que me dieron ganas de leer un relato del escritor de más largo aliento. Saldo esa deuda tomando Rabia, novela del 2003. En principio encontré varias cosas que no me gustaron: el romance entre una mucama y un albañil me pareció más digno de Rosa de Lejos o de novela de Corín Tellado que de un autor como Bizzio. Y lo mismo me ocurrió con el resto de los personajes: el capataz injusto, el portero chusma, un nazi gordo, el lascivo y borracho hijo de los patrones... me parecían estereotipos demasiado fáciles.
Pero después de narrarnos este romance entre dos plebeyos en Barrio Norte, la novela da un giro y allí gana en originalidad y la trama comienza a atraparnos. Por una serie de viscisitudes José María se oculta en la mansión donde trabaja su novia, Rosa. Y vive allí años, y llega a conocer a la mujer que creyó amar espiándola, viviendo sin ser visto, como un fantasma. Esta idea de un hombre viviendo como voyeur, accediendo a la intimidad de su pareja desde un ángulo tan nuevo, resulta tan atractiva que vuelve a la historia atrapante. Queremos saber cómo va a concluir esa convivencia. Si José María y Rosa podrán volver a reunirse, si el obrero acusado de un crimen va a ser atrapado, si ella va a delatarlo, si es posible un futuro en común.
Así Rabia nos intriga y absorbe, aunque ese resentimiento de clase que el título promete se pierde en un laberinto de otros tema más sutiles. Bizzio nos es más creíble cuando nos habla del amor, de la forma en que conocemos o cremos conocer a la persona que elegimos como pareja, que cuando intenta abordar la temática social de la desigualdad, la injusticia, la discriminación o la pobreza.
En Rabia hay , entonces, más amor que odio: por una mujer simple, por un hijo que no es propio. En una mirada introspectiva que podría ser hecha sobre todos o ninguno.

lunes, mayo 07, 2007

David Foster Wallace

Luego de sorprenderme con los cuentos reunidos en La niña del pelo raro, me pongo muy contenta cuando Debolsillo edita otra colección de relatos de este escritor americano: Extinción. El cuento que abre el volumen, "Señor Blandito", me parece espectacular. A partir del lanzamiento de una nueva golosina llamada ¡Delitos!, Foster Wallace analiza los mecanismos de marketing y mercados, las acciones no siempre del todo honestas sobre los consumidores, el intrigante mundo de las consultoras y sus refinados métodos de testeo de productos, la mentalidad de las personas que realizan ese tipo de trabajos y sus sueños individuales y frustraciones... en fin, en "Señor Blandito" podemos encontrar un compendio de los problemas de la vida moderna: costumbres digitadas por los medios, buenos ingresos y altos niveles de soledad y sentimiento de vacío... Por otra parte, el cuento que da título al libro nos cuenta la vida de un hombre medio, módicamente feliz, que comienza a tener ataques de pánico a raíz de una absurda crisis matrimonial que tiene como punto de fricción si él verdaderamente ronca impidiéndole dormir a su mujer, o si ella sueña que él ronca. Embargándonos con la sensación de que cualquier vida está a la deriva, en un equilibrio que pende de un hilo.
No obstante, el relato más sorprendente es el más breve y el que en menor medida representa el peculiar estilo de Foster Wallace: "Encarnaciones de niños quemados" es un cuento tan corto como poderoso. Lo leo en la sala de espera del médico. Sólo al comenzar me doy cuenta de que no es una buena idea. Que tengo alta aprensión por todos los temas que aborda: el dolor en un bebé, la sensación de desesperación de los padres, los accidentes domésticos que nos esperan agazapados para destrozarnos la vida un día cualquiera. Y de forma magistral Foster Wallace reúne todos esos elementos en un relato de página y media que nos deja helados. Por los hechos narrados de forma concisa y directa, de manera tal que no podemos evitar que las imágenes descriptas se dibujen en nuestra mente, y por esta frase terrible: "Si nunca han llorado ustedes y quieren llorar, tengan un hijo".
Después Foster Wallace vuelve a ser él: con su mirada cínica sobre la sociedad y sus ideas políticamente incorrectas. Pero el niñito quemado nos queda como una esquirla en la memoria.

Nueva presentación

La mina de Beauty TV siempre fue mi ídola. Como una especie de Cistina K. venida a menos. Con un programa de cable arquetípico. Pero la tenía abandonada, como a la televisión en general, no porque esté siguiendo los consejos del Ruso en cuanto al carácter nefasto de la TV, pero Titi monopoliza el aparato con los dibujitos y las películas de Pixar. Pero ayer tuve un regreso al tiempo del zapping (y hoy a la era de postear boludeces) y pasé por mi programa de TV dilecto. Quedé alucinada con la nueva presentación en que la super conductora se mueve en medio de flores dibujadas: se asoma, baila... indescriptible. Una super producción que les recomiendo a todos.
Por favor, quiero formar un club de fans de la conductora. Los que tengan ganas contáctense conmigo.

domingo, mayo 06, 2007

La mejor banda de la Argentina

Muchas veces me pregunto cual es la razón por la que alguna música o grupo nos produce una adicción inmediata. La música es claramente una experiencia sensorial y emotiva, aunque muchos intenten intelectualizarla, analizarla y racionalizarla.

Hace unos 16 años una de mis hermanas me comentaba de una banda formada por unos diez músicos que hacía una mezcla de ritmos ska, reggae, latino y bolero. Una banda que no se tomaba demasiado en serio pero que tenía un atractivo irresistible. El nombre de la banda lo explicaba todo: “Los Auténticos Decadentes”. Un grupo de irreverentes musicales que se divertía en escena y por supuesto, hacían divertir a los que los escuchaban. Todavía me acuerdo de la frase: “me tiraste el pingüino, me tiraste el sifón, estallaron los vidrios de mi corazón”. Claramente una letra que a Spinetta le parecería imperdonable. O pero aún: “Vení Raquel, vení con los muchachos, ay que te vas a divertir”-

En ese momento pensé que iba a ser una de esas bandas que aparecen, suenan en las fiestas de egresados, tienen un hit y se hunden en el olvido.

Afortunadamente, no fue ese el caso. Hace unos meses salió el último disco de los Decadentes, llamado “Club Auténtico Decadente”, que muestra nuevamente que es una de las bandas más originales, divertidas y potentes de la Argentina. Así “Algo hay que comer” habla sobre el placer de comer cordero y bife e ironiza sobre los vegetarianos diciendo que “la lechuga también tiene sentimientos”. En “Me tiro a la basura”, con la voz de Cordera de Bersuit, hacen honor a sus propias debilidades y decadencia:

Con mucho esfuerzo me levanto temprano

hago la dieta que me recomendaron

tomo sesiones de reiki, algunas clases de yoga

jugo de fruta y cereales, flexiones y abdominales

por mas esfuerzo que hago, los indios se me escaparon

Que hipocresía que mentira,

hasta cuando tengo que aguantar

que lindo el día, que sanito, que bonito

pero la noche me tira más

Otra vez igual, se me perdió la brújula del bocho

es muy bizarra mi figura, mejor me tiro a la basura

En definitiva, si quieren letras que se entienden, música instantáneamente adictiva, arreglos impecables y diversión asegurada... vaya y compre “Club Auténtico Decadente”. Y téngalo a mano para el próximo asado, festejo o fiesta de quince.