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lunes, octubre 16, 2006

Los prólogos de Operación masacre

Una de las cosas más fascinantes de leer Operación masacre de Rodolfo Walsh consiste en analizar los distintos prólogos y epílogos que el autor escribe en el '57, '59, '64, '69, '71 hasta la carta abierta al presidente en el aniversario del golpe del '76 (esto es, el día anterior a su desaparición), que suele incluirse como anexo en su libro.
Con estos sucesivos prólogos y anexos podemos comprobar el viraje de un periodista antiperonista que apoyó el golpe del '55 a causa de la oposición que como sincero liberal tenía contra ese régimen, pasando por algún entendimiento de la causa de los vencidos, pero repudiando su metodología violenta, hasta la total identificación con los que antaño fueran sus contrarios políticos. Interesante y aleccionador como la impotencia vulnera las creencias más fuertes en las virtudes de los sistemas.
Creo que cualquier antiperonista debería hacer este ejercicio. Si esta interesante lectura no proyecta alguna duda sobre su cosmovisión, entonces no será ni bueno ni malo, sino tan incurable como un peronista.

Domando al gran pez


La loca tapa de Métrica 3 es una postal marplatense de los '40. Un coleccionista de antigüedades encontró y compró esta pieza, que nos cedió amablemente para la revista. La mujer domando al gran pez no tiene cabeza. Esto puede ser por una concepción machista de la mujer, o porque era pensado como un recuerdo en el que cada uno ponía su fotito.
Dafeba interpreta la alegoría como que quien lleva las riendas del pez, conduce los destinos de la ciudad. De esta manera, nos envía sus versiones de la tapa de Métrica con Katz, Montoya e Iglesias.
Invitamos a todos a enviarnos sus propias tapas de la Métrica.

Bibi y otras formas de arte alternativas (no muy jóvenes, por cierto)

Alguna vez se mencionaron en este blog las cenas show. Pero sospecho que escribían desde afuera. Con los conocimientos propios de la ñata contra el vidrio. Pasaban por un restaurante que ofrecía un pintoresco espectáculo, y se quedaron chusmeando en la vidriera, hasta que una serie de miradas lacerantes los alejaron de la escena.
Este, en cambio, es el testimonio de un participante directo de los acontecimientos. Esta asistencia se explica en el marco de complacer a la madre en su día, en un masoquismo evidente o en una inquietud antropológica. Como sea, me encuentro el día domingo por la noche en una cena show. Evidentemente, el espectro etario tiende a estar por encima del medio siglo. La gente se produce mucho para estas lides, las mujeres sacan a relucir todo su vestuario y está comprobado que el 12% de los productos de Mary Kay está destinado a estos eventos.
El problema de la cena-show es conceptual en sí mismo. Como a la comida se le agrega el plus del espectáculo, está justificado que no cante Sinatra. Como el show ofrece comida, se sobreentiende que no será el servicio del Ritz. Entonces, resulta un mix en el cual el morfi es de cuarta y las piezas musicales están al mismo nivel. Y todos lo aceptan como parte del acuerdo tácito del 2x1. Otra cosa comprensible, pero odiosa, es la atención de las camareras. Comprensible porque tienen por delante toda una noche con gente que propende a lo pesado, y un profundo malestar provocado por la música. Por otra parte, el entusiasmo de los concurrentes garantiza que la jornada sea bien larga. De manera que, una vez más, deberán moverse en medio de bailarines epilépticos perpetuamente sedientos.
Pero en este último punto está el nudo de la cuestión: ¿de donde proviene tanta emoción? Si los asistententes tienen un vago registro de no estar comiendo bien y de que la música no es buena (aunque la aparición de Eliana Calabró haya cambiado los cánones para juzgar las perfomances artísticas), ¿por qué estás tan felices? Una vez más, la explicación es dolineana: porque tienen el nada secreto afán de encontrar pareja. Y eso llena de belleza el momento. Los amores en la edad madura no tienen muchos ámbitos: Internet y el viaje a Merlo son las otras opciones más usuales. Si hacemos por un minuto abstracción del ambiente y captamos movimientos y miradas, veremos que son los mismos que en Mr. Jones y Sobremonte.

viernes, octubre 13, 2006

Paul Julian Smith: Amores perros, Gedisa.

Si uno no es un experto en cine, generalmente no se justifica leer un libro que realiza un análisis técnico de una película. Salvo que sea la película de tu vida. Ese es justamente el título de la colección de Gedisa, que reúne ensayos sobre determinadas películas, escritos por diversos autores. Como Amores perros de Alejandro González Iñárritu me resultó fascinante, me le animo al libro de Paul Williams (catedrático de Español en Cambridge). Así me entero de muchos detalles sobre Amores perros: cómo surge el proyecto, qué escenas guionadas finalmente no fueron incluídas, el impacto nacional e internacional del film, detalles sobre la imagen y el sonido, además de un análisis sobre las ideas que Iñárritu expone. Para quien adoró un film, toda esta información no está de más, sobre todo cuando viene unida a fotografías de las escenas claves y una completa ficha técnica.
Gracias al libro de Williams comprendemos cómo entronca Amores perros con la tradición cinematográfica mexicana y sus motivos dominantes; el uso de la música (valoré especialmente los datos sobre el por qué de la inclusión del tema Lucha de gigantes de Antonio Vega) y el silencio; y el tipo de tomas y película que el director prefiere. Pero sobre todo, recuperamos la emoción que el film nos produjo, y constatamos que ese impacto trasciende barreras de idiomas y culturas, como lo demuestra su éxito en el Reino Unido.
Un detalle: tal vez no menor. Williams explora inteligentemente la relación entre las tres historias, las similitudes y diferencias entre las situaciones y los personajes (la infidelidad, los diferentes contextos sociales), así como las ideas que el film proyecta. Pero tal vez lo que falta son los perros. Los perros en su vinculación con unos humanos que los adoran o los usan, que los necesitan y los lastiman. La referencia a los amores perros, no creo que esté sólamente dada por las relaciones -de pareja, fraternales y filiales- fallidas, en las cuales los animales aparecen como elemento iconográfico común. En la vinculación entre los animales y sus amos también pueden leerse muchos mensajes y elementos subyacentes de la historia.