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martes, abril 24, 2007

Sophie Auster


Sophie Auster, Sophie Auster, Actes Sud-Naïve Records. $80

Es la hija de Paul Auster... y encima linda y talentosa

En ocasiones, los hijos de las personalidades muy talentosas se sienten inhibidos para tomar sus propios caminos. No es este el caso de Sophie Auster, quien siendo hija de Paul Auster es también una lolita fatal, una actriz con grandes proyectos en cartera y una deliciosa cantante.
Uno se sentiría tentado a envidiar alguien así, pero al escuchar este CD seguramente nos tornemos más proclives a agradecerle por una música tan hermosa.
Con un estilo que oscila entre el crossover y la nueva chanson francesa, esta estudiante de letras francesas e inglesas recrea textos de Robert Desnos, Tristan Tzara, Guillaume Apollinaire, Paul Eluard o de su propio padre.
Y este proyecto que puede sonar como un tanto pretencioso o demasiado sofisticado da, sin embargo, resultados maravillosos. Con una voz dulce y un sonido original logrado por la banda One Ring Zero, Sophie Auster logra mostrar tanto su costado inocente como uno denso y profundo. Especialmente recomendada es su versión del poema “The lovers” de Paul Eluard, tan bella musicalmente como conmovedora en su interpretación. Dentro del universo de Sophie todo gesto queda bien, natural, no forzado, y esa frescura es una de las mayores virtudes de un disco sorprendente.

Philip Roth: Elegía, Mondadori.

Si Patrimonio, novela sobre la vejez y la inevitabilidad de la desaparición de los padres, le pareció demasiado dura, no se le ocurra agarrar Elegía. De un realismo demoledor, y con una sorprente economía de palabras, esta novela logra frases como puñales capaces de desestabilizar al más equilibrado.
De la muerte de los padres, Roth vira hacia el tema de nuestra propia desaparición. Y lo que es aún peor, de la posibilidad de llegar a la vejez con una existencia vacía, con unas soledades imposibles de colmar. Escrito que comienza con el entierro del protagonista para lentamente indagar en la construcción de una vida, en cómo una existencia módicamente feliz se fue transformando en un calvario. El amor, el desamor, la paternidad,la envidia, la infidelidad, el deseo, el éxito, la soledad, la enfermedad, la prepotencia del dolor, son los temas que Roth maneja con maestría y precisión de cirujano. Ni una palabra de más, total ausencia de efectismos o golpes bajos. Sólo la vida de un hombre puesta al desnudo con todas sus flaquezas. Y conmovernos, y sentir que algo se quiebra dentro nuestro. No querer ser él, por favor, no ser él.

Maximiliano, diez años después

El sábado fui a ver Maximiliano diez años después, obra teatral que a las 22 hs. puede verse en el Séptimo Fuego (Bolívar 3675). Sala teatral que no cuenta con muchas comodidades, pero sí con la virtud de tener obras y muestras todo el año. Mientras esperamos que empiece la función podemos ver la exposición fotográfica de Julián Rodríguez (fotos de noche que ya había expuesto en la peluquería Galileo) y además nos convidan con un cafecito.
Pasamos a la sala un tanto húmeda y fría, pero se nota que la obra es buena porque logro olvidarme de las incomodidades para concentrarme en las buenas actuaciones, las pinceladas de humor, el escape a los lugares comunes del teatro independiente. Un texto que no sigue una línea cronológica, pero que no por ello implica la ausencia de guión. Unos personajes bien delineados y construidos, con presencia impactante (Pedro Benitez como Maximiliano, especialmente), actuaciones sorprendentes (Elizabeth Mola haciendo de chica hueca es genial), un juego con el cuerpo y los efectos equilibrado (Restituto, colgado de la lámpara, interpretado por Leopoldo Pereyra), absurdo divertido (Sifonazo, por Matías Eandi aporta la nota de comicidad necesaria).

Así que Maximiliano diez años después es una muy buena opción para el sábado a la noche. No se la pierdan.

Triste récord

Puede que uno se cuelgue y no escriba en su blog. El ritmo de sibeliusdiario decayó espantosamente. Ingreso y veo que la última entrada es del 28 de marzo.Dentro de la bronca que me da haberme colgado tanto, sabiendo que nuestros lectores han emigrado irremediablemente a blogs más prolíficos, me queda la satisfacción de haber roto un récord: nunca habíamos estado tantos días sin escribir.