Recibimos la siguiente gacetilla de prensa:
Amigos!
Próximamente.......... El Lugar que estábamos esperando....................
ABBEY ROAD, Concert-Bar
http://www.grpress.com.ar/webs/varias/abbeyroad/index.htm
<>
sentimiento incontrolable producciones
juan b. justo 620, t.e.: (0223) 480-7969 / 155-189942
Suena muy bien, por favor más datos!!!!!
jueves, febrero 15, 2007
Malditos correctores: Scorsese
Acerca de los cerdos y de quienes los alimentan
A las 0:40 del domingo 11 de febrero, al salir de la Sala 2 del Cine Ambassador, pedí el libro de sugerencias para escribir lo que sigue:
Es insultante para un director como Martin Scorsese, quien supongo habrá pensado durante horas, días, semanas, cómo estructurar la narración de “Los infiltrados”, que esa estrategia sea corrompida por un absolutamente innecesario cartel de intervalo, una arenga a consumir panchos, gaseosas y pochoclos, y un par de temas de Jorge Drexler.
Podría contemplarse la interrupción si se tratase de un film para niños o de una película de cuatro horas de duración, pero en el caso de “Los infiltrados”, de dos horas y media, dirigida a un público adulto, el intervalo es una falta de respeto a todas las personas involucradas en el proceso creativo (desde los productores hasta los choferes) y a los espectadores que queremos apreciar la tarea de los cineastas tal como fue concebida. Los carteles que avisan “intervalo” en los afiches de promoción ubicados sobre la calle Córdoba no hacen menos ominosa esa práctica.
Tal vez sea tan descorazonante como lo anterior ver al ejército de consumidores que responden al acicate publicitario y salen de la sala para regresar con sus vasos de Coca Cola, paquetes de pochocho y bandejas de papas fritas y demás enseres indispensables para disfrutar un film. Difícil elección: resignarse al encierro y al VHS o DVD, o alimentar las arcas de empresarios tan interesados en la difusión del séptimo arte como en la venta de palomitas de maíz o, como parece ser, interesados en la proyección cinematográfica para potenciar las ventas de pochoclo.
A las 0:40 del domingo 11 de febrero, al salir de la Sala 2 del Cine Ambassador, pedí el libro de sugerencias para escribir lo que sigue:
Es insultante para un director como Martin Scorsese, quien supongo habrá pensado durante horas, días, semanas, cómo estructurar la narración de “Los infiltrados”, que esa estrategia sea corrompida por un absolutamente innecesario cartel de intervalo, una arenga a consumir panchos, gaseosas y pochoclos, y un par de temas de Jorge Drexler.
Podría contemplarse la interrupción si se tratase de un film para niños o de una película de cuatro horas de duración, pero en el caso de “Los infiltrados”, de dos horas y media, dirigida a un público adulto, el intervalo es una falta de respeto a todas las personas involucradas en el proceso creativo (desde los productores hasta los choferes) y a los espectadores que queremos apreciar la tarea de los cineastas tal como fue concebida. Los carteles que avisan “intervalo” en los afiches de promoción ubicados sobre la calle Córdoba no hacen menos ominosa esa práctica.
Tal vez sea tan descorazonante como lo anterior ver al ejército de consumidores que responden al acicate publicitario y salen de la sala para regresar con sus vasos de Coca Cola, paquetes de pochocho y bandejas de papas fritas y demás enseres indispensables para disfrutar un film. Difícil elección: resignarse al encierro y al VHS o DVD, o alimentar las arcas de empresarios tan interesados en la difusión del séptimo arte como en la venta de palomitas de maíz o, como parece ser, interesados en la proyección cinematográfica para potenciar las ventas de pochoclo.
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cine
miércoles, febrero 14, 2007
Cuarenta años de humor político
El Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos organizó una muestra en vinculación con el aniversario de la revista Acción. De esta manera, realizan una interesante exposición que actúa como retrospectiva de la carrera de Oski, Viusti, Fontanarrosa y Paz (dado que los cuatro escribieron para la revista). Pero claro, el humor político siempre tiene una nota amarga. Sobre todo visto en su conjunto. Cuando encontramos chistes de los ’70, los ’80, los ’90 y el 2000 y sólo cambian detalles de fondo pero no los problemas, la risa se transforma en rictus y la carcajada en encogimiento de hombros. Un buen ejercicio de historia argentina, humor gráfico y masoquismo.
Uno de los que más me gustó es de Fontanarrosa en 1985. Un periodista le hace una nota a un político. Este dice de manera grandilocuente: “Que la historia me juzgue”. Para rápidamente aclarar: “Total, si en cien años me dan perpetua, qué me importa.”
Y también uno de Paz del 2002 en el que Duhalde habla con el Ministro de Economía. El presidente le pregunta al ministro como va el acuerdo con el FMI, y el funcionario contesta: “para el c...” Luego Duhalde pregunta como va el desempleo. El ministro contesta: “para el c...”. A continuación el presidente pregunta por la reactivación. Y el ministro contesta: “para el c...” Ante las quejas del presidente, Remes contesta: Este es el famoso PLAN C.
¡Qué noche Bariloche!
Fui a ver el espectáculo de Alberti y Capusoto. Esos tipos son mis ídolos. Me gustarían haciendo cualquier cosa. Pero aún así puedo discernir. Y decir que este espectáculo es mejor que Una noche en Carlos Paz. Obviamente, para quien no le gusta este tipo de humor, encontrará absurdos sus matices (¿quién piensa en pinceladas cuando hablamos de pintura de brocha gorda?).
Pero, es evidente que en este espectáculo la pareja cómica pone más de sí: monólogos más largos y estructurados, la aparición de nuestros personajes favoritos: Irma Yusid y Peperino Pómuro. En el show anterior había, tal vez, un abuso del recurso de la pantalla, que ni siquiera mostraba imágenes hechas para el espectáculo, sino lo tradicionales clips de Todo por $2. Claro, en un momento en que el programa había salido hacía poco del aire los fanáticos se congregaban para ver las escenas de siempre, e incluso corear los hits.
Ese es otro cambio con respecto al espectáculo actual. En una sala completamente colmada podían distinguirse con facilidad a los fanáticos (aire medio nerd infaltable) y a las familias de turistas que habían llegado al espectáculo casi por casualidad. Lo mismo daba ése... que el de la sala de al lado: Cacho Garay. Y hacer reír a este otro público debe suponer para los cómicos un desafío más grande. Porque quienes seguimos la línea Cha-cha-cha/ Delicatessen/ Todo por $2 nos tentamos con cualquier guiño, sólo porque tenemos ganas de hacerlo. En cambio, el resto del público debe primero acomodarse a la línea de humor absurdo. Por eso, los números del comienzo: desde el pedido de “No filmen, no fotografíen, apaguen el celular y métanselo bien en el ojete”, pasando por la imitación de Jorge Corona y su humor chabacano, siguiendo por Ricardo "Ascona" y sus letras patéticas, nos van preparando para números crecientemente absurdos: Gardel canta Queen, Irma Jusid que entra tocando en el saxo la marcha peronista y fusiona un discurso sobre política y falopa. Para mí esta parte fue la mejor de la noche: un joven abandonado por su novia que se suicida cuando se va a San Clemente del Tuyú y escucha a Peter O’Toole. Un empresario dueño de una agencia llamada “Bueno... nada”. Una de las clásicas descripciones de marginales que “te van a agarrar”: un tipo con una remera que reza: “Yo estoy por debajo de la línea de pobreza, pero tu mujer está arriba mío”.
Quienes quieran verlos, sólo tienen un par de oportunidades más, ya que el espectáculo está sólo los días lunes en las renovadas salas de Luro y Corrientes.
Pero, es evidente que en este espectáculo la pareja cómica pone más de sí: monólogos más largos y estructurados, la aparición de nuestros personajes favoritos: Irma Yusid y Peperino Pómuro. En el show anterior había, tal vez, un abuso del recurso de la pantalla, que ni siquiera mostraba imágenes hechas para el espectáculo, sino lo tradicionales clips de Todo por $2. Claro, en un momento en que el programa había salido hacía poco del aire los fanáticos se congregaban para ver las escenas de siempre, e incluso corear los hits.
Ese es otro cambio con respecto al espectáculo actual. En una sala completamente colmada podían distinguirse con facilidad a los fanáticos (aire medio nerd infaltable) y a las familias de turistas que habían llegado al espectáculo casi por casualidad. Lo mismo daba ése... que el de la sala de al lado: Cacho Garay. Y hacer reír a este otro público debe suponer para los cómicos un desafío más grande. Porque quienes seguimos la línea Cha-cha-cha/ Delicatessen/ Todo por $2 nos tentamos con cualquier guiño, sólo porque tenemos ganas de hacerlo. En cambio, el resto del público debe primero acomodarse a la línea de humor absurdo. Por eso, los números del comienzo: desde el pedido de “No filmen, no fotografíen, apaguen el celular y métanselo bien en el ojete”, pasando por la imitación de Jorge Corona y su humor chabacano, siguiendo por Ricardo "Ascona" y sus letras patéticas, nos van preparando para números crecientemente absurdos: Gardel canta Queen, Irma Jusid que entra tocando en el saxo la marcha peronista y fusiona un discurso sobre política y falopa. Para mí esta parte fue la mejor de la noche: un joven abandonado por su novia que se suicida cuando se va a San Clemente del Tuyú y escucha a Peter O’Toole. Un empresario dueño de una agencia llamada “Bueno... nada”. Una de las clásicas descripciones de marginales que “te van a agarrar”: un tipo con una remera que reza: “Yo estoy por debajo de la línea de pobreza, pero tu mujer está arriba mío”.
Quienes quieran verlos, sólo tienen un par de oportunidades más, ya que el espectáculo está sólo los días lunes en las renovadas salas de Luro y Corrientes.
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humor
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