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martes, junio 13, 2006

Sobre los blogs, por A.B.

Lo que más me gusta de los blogs es que te permiten acceder a la intimidad de otros. Bioy Casares dijo que la intimidad consiste en comentar el mundo. Esto es, compartir con el otro lo suficiente como para medir sus reacciones ante los acontecimientos cotidianos y charlar sobre lo que pasa todos los días. La sumatoria de esas reacciones diferenciadas conforman la personalidad de un individuo. A veces podemos etiquetar a la gente de acuerdo a arquetipos: tal es un empresario exitoso, tal otro un extremista político, aquel un artista rebelde y el de más allá un cristiano ortodoxo. Pero tal vez es empresario exitoso es una persona sensible y gran filántropo, el extremista político un misántropo nato, el artista rebelde un conservador en su vida cotidiana, y el cristiano ortodoxo un romántico incurable. Si a estos rasgos adicionamos que el empresario es fanático del rock pesado, el extremista cría perros, el artista rebelde es adicto al bingo y el cristiano ortodoxo hace bonsai, vemos que necesitamos una etiqueta diferente para cada persona. ¡Por suerte! Porque si todo fuera predecible y ordenado el mundo sería muy aburrido.
Nada tan variado como el paisaje humano. Los blogs te dan la posibilidad de intimar con gente que ni siquiera conocés. Muchas veces actúan como verdaderos portales de noticias, en los que podemos ver cómo leen otras personas el mundo (el mejor ejemplo de ello es Wimbledon, del pionero Guillermo Piro), y saber a qué los remite tal acontecimiento político, social o cultural. Porque ese relacionar tiene que ver con una cosmovisión, con experiencias anteriores, con el contexto laboral o la posición geográfica, con lecturas hechas... que pueden ser tan diversas de las propias que nos obligan a cambiar nuestro punto de vista. A ver por los cristales por los que miran los otros. Es por todo esto que estoy tan preocupado por la crisis de crecimiento que atraviesa Blogger. Hay días en que es difícil crear nuevas entradas o hacer comentarios en los blogs ajenos. El sistema colapsa porque cada vez son más los que ambicionan llevar un diario público de sus vidas. O tal vez sea culpa de los estudiantes chilenos, que se la pasan posteando todo el día para ampliar su revolución educativa. Ojalá que el problema se solucione rápido, porque sin leer blogs soy como un voyeur sin playas, sin calles y sin vecinos. Sin escribir en el mío soy como un taxista sin pasajeros, un kiosquero sin clientes o un viudo que extraña a su mujer porque ya no tiene más un interlocutor válido con el cual pueda comentar las desgracias que vio hoy en el noticiero.

sábado, junio 10, 2006

Los Ortega de Perfil

El otro día haciendo zapping vi un pedazo de El tiempo no para. Me pareció bien actuado e interesante, aunque me rompen un poco las pelotas los nuevos actores jóvenes de Palermo, con ese aire de reviente, conflicto y look estudiadamente descuidado. Como sea, me quedé pensando en Ortega y como, cual caballo de Troya, se metió en Canal 9 y encontró allí un nicho que no tiene que ver con los programas que el reaccionario canal de Hadad habitualmente hace (recordemos que en un primer momento levantó ciclos porque no respondían a los valores de la familias, o algo así).
Después me puse a pensar en los muchachos que coparon el Suplemento Cultural de Perfil (diario de tendencias ideológicamente espantosas). Terranova y sus amigos protagonizan un fenómeno paralelo al de Ortega. Usan un mal medio (literal) para un buen fin (abrir el juego, que se escuchen otras voces). El último domingo, por ejemplo, sacaron un número a un año de la muerte de Saer que estaba bueno, pero no era tan admirativo y canónicamente plomo como lo que habitualmente se escribe sobre Saer. Se dieron el lujo, por ejemplo, de que sacara un artículo Cucurto, afirmando que no ha leído nada del autor dado el bajo voltaje sexual de sus libros, pero que lo admira porque le cae bien a varios amigotes escritores que él tiene en alta estima. Evidentemente, a los muchachos en Perfil les dan libertad para escribir lo que quieran. De la misma manera que Ortega parece manejarse en las ficciones del 9 con cierto grado de libertad. A veces, cuando no sos el número puesto (no sos el canal que suma más en el minuto a minuto ni sos el suplemento más leído, el referente cultural obligado) podés trabajar de manera más relajada y concentrarte en poner lo que tenés ganas, lo que te gusta.
Espero que las similitudes no sean tantas como para que Terranova tenga un padre/ político garca, un aire soberbio, se vista mal adrede y tenga por mujer a una modelo tonta.

viernes, junio 09, 2006

Estoy leyendo: "¡Tierra, tierra!", de Sandor Marai

Estoy leyendo ¡Tierra, tierra! de Sandor Marai. Se trata de un libro maravilloso y terrible sobre la llegada de las tropas del Ejército Ruso a Budapest. Este diario es la continuación lógica de Relatos de un burgués. Allí se muestra una forma de vida que el autor intuye que está caducando. La misma idea puede hallarse en sus novelas de entreguerra. El fantástico relato Divorcio en Buda, adquiere su significación a la luz de una sociedad en extinción. En aquel entonces levemente en retroceso, en decadencia, pero inexorablemente amenazada. En ¡Tierra, tierra! aquellas oscuras predicciones se hacen realidad, y la Hungría en la que Marai se formara está por transformarse en fósil. Marai intuye con maestría los cambios por venir, y pese a la devastación que la ocupación rusa supuso en su vida personal, intenta analizar los cambios en su país y la mentalidad de los soviéticos con objetividad. Lo que viene de Oriente es tamizado como lo nuevo, como un desafío para Occidente. Pero también como lo enigmático e impredecible. Marai aúna historia, filosofía, política y literatura en un brillante y poderoso escrito. Más allá de los sucesos que se relatan en particular, este diario de un protagonista y testigo nos interpela sobre el horror que supone cualquier guerra, el espanto de un país ocupado por el enemigo, el peligro que supone un ejército de ocupación poderoso, hastiado y hambreado, y los límites a los que puede acostumbrarse un pueblo en una situación de esta naturaleza.

"El mundo ya está lejos, con espantosa voz
de plomo da la guerra su grito destemplado
y la brasa del crimen aquí lo quema todo,
a todo europeo, judío o cristiano.
Con la sangre han marcado las puertas de las casas,
aquel que era creíble ha sido asesinado,
cuanto hacía visible la vida es un oprobio;
en tu cama, carroña; tu casa, un hueco hediondo.
Arrastran los desolladores al creyente y a la fe.
Al final se han abierto, Apocalipsis, tus puertas;
grazna la acusación de crimen sobre el mundo,
quien hoy te besa, mañana ya te entierra,
a quien ahora abrazas, mañana estará muerto,
quien te acunaba anoche, te pone hoy en venta..."


Así inicia su diario Sandor Marai. Promesa de buen libro, amenaza de demasiada realidad.

Las repeticiones y otros relatos inéditos

Editorial Sudamericana ha creado la Biblioteca Silvina Ocampo, en la que está publicando material inédito de la autora. Además de unas originales memorias de infancia redactadas en verso libre -Invenciones del recuerdo- apareció un libro de cuentos: Las repeticiones y otros relatos inéditos.
El libro incluye fantásticas narraciones. No parece tratarse de material desechado por la propia Ocampo -como ocurre muchas veces con las obras editadas póstumamente- sino simplemente escritos que no tuvo tiempo para organizar para su publicación. Los cuentos que se incluyen en el volumen son similares a otros de la autora: siempre perturbadores, oscuros, mágicos y extraños. Aparecen frecuentemente imágenes asociadas a la infancia, que ahora podemos relacionar con acontecimientos de la propia niñez de Ocampo gracias a Invenciones del recuerdo, otros relatos en que trata el tema de noviazgos que no llegan a buen término por tratarse de muchachas especialmente extrañas, otro cuento protagonizado por una muñeca que tiene vida... Siempre con una prosa elegante y un aire fantasioso. Pero lo más valioso del libro son tal vez las dos novelas cortas que se incluyen al final del volumen. Allí los complejos personajes de Ocampo pueden adquirir mayor profundidad. "El vidente" y "La joya de la familia" están protagonizadas por niños. Pero nada más alejado de la imagen inocente y tierna que los demoníacos pequeños que pueblan los relatos de Silvina Ocampo. El vidente es un niño que nace marcado por el triple estigma de la ceguera, la muerte de su madre, y la misteriosa desaparición de vecinos en el oscuro paraje rural que habita. El niño, que puede recordar acontecimientos anteriores a su nacimiento, crece mimado por los patrones de su padre, a la par que va mostrando extrañas dotes y capacidad de videncia. Paralelamente, Nando, el protagonista de "La joya de la familia", es el último vástago de un numeroso y curioso hogar. Desde pequeño muestra características peculiares, que luego irán definiéndose por una cierta inclinación a la maldad y la capacidad de enfermar o curar plantas, animales y personas. Estas novelas cortas de Ocampo demuestran su capacidad para construir relatos de largo aliento, y contribuyen a depositar mayores expectativas en la novela inédita La promesa, de próxima aparición.