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miércoles, abril 05, 2006

Música y memoria

Me cuesta mucho entender el disfrute musical encarado como un proceso racional y de trabajo intelectual. Sospecho especialmente de aquellos que huyen de una bella melodía, de un ritmo contagioso o de una frase memorable. La búsqueda per se de la música más complicada, disonante y “trabajosa” es equiparable a esos lectores que se olvidan del contenido y sólo aprecian la forma en que está construido un relato. Aunque, desde ya, la narrativa que conjuga forma y contenido es la que más me interesa y la que creo tiene más méritos como creación.
La evolución en nuestras formas de escuchar hace que muchas obras musicales que 100 años atrás sonaran revolucionarias, hoy no sorprendan a nadie y gradualmente se vayan convirtiendo en clásicos. Con esto quiero decir que los verdaderos creadores muchas veces están por delante de la capacidad de asimilación de los oyentes.
La experiencia musical está obviamente ligada a la experiencia personal. Todavía me emociono cuando escucho el disco de Mercedes Sosa “En vivo en Argentina” (1982). Por entonces no entendía mucho sobre la realidad política de Argentina (ahora menos aún), pero ese disco transmitía una mezcla de alegría y reflexión que no ha envejecido. Un disco es mucho más que una suma de sonidos y letra, es también el recuerdo de los momentos vividos, es la banda de sonido de nuestra vida. La película “High Fidelity” es la que mejor expresa esa idea, la de la asociación de la música a situaciones y estados de ánimo.
Sobre gustos hay mucho escrito. Y creo que asociar complejidad con algo estéticamente “superior” es un grave error. Muchas de las melodías de los Beatles encierran en dos minutos y medio mucha más emoción y belleza que un tema de media hora de Jethro Tull. Pero por otro lado, para alguna persona nacida a mediados de los 60´s escuchar rock sinfónico la retrotrae a los tiempos que iba a bailar a Enterprise y a tomar café a Bahía. Cada experiencia musical es única e irrepetible. En definitiva, este breve artículo quiere ser simplemente una apología de la música como disfrute y emoción.
Entonces, vayan, tomen un CD de Gloria Estefan y disfruten despojándose de prejuicios y tonteras intelectuales. Y si le recomiendan un disco de Stockhausen y le parece un embole, siga sus instintos y vuelva a escuchar a los Beatles.

Novedades de Alianza

Recibimos los siguientes títulos importados de España de la editorial Alianza.
  • William Blake: "Antología bilingüe"
  • Boris Vian: "Con las mujeres no hay manera"
  • Artaud: "El cine"
  • Mishima: "El marino que perdió la gracias del mar"
  • Mishima: "El rumor del oleaje"
  • Panoksky: " Estudios sobre iconología"
  • Paumgartner: "Franz Schubert"
  • Chiantore: "Historia de la técnica pianística"
  • Luis Cernuda: "La realidad y el deseo: 1924-1962"
  • Hannah Arendt: "Los orígenes del totalitarismo"
  • Le Goff: "Mercaderes y banqueros de la Edad Media"
  • Karl Popper: "Búsqueda sin término"
  • Wordsworth: "Baladas líricas"

martes, abril 04, 2006

Amarga universitas

Nostálgico de mi juventud, esa etapa idealista y divertida, me dirijo hacia la Universidad Nacional de Mar del Plata. Una de las cosas que más identifica a una universidad es el clima que impera en ella y en sus alrededores. Esto es, los cafés que la circundan con discusiones políticas y artísticas, los bares para una cerveza por la noche mientras escuchamos a una banda formada por un grupo de estudiantes, las librerías siempre repletas de chicos en búsqueda de novedades, los profesores estrellas a los que todos quieren acceder... En fin, nada de eso hay en los alrededores de la universidad marplatense. Dos o tres cafés, kioscos de fotocopias y venta de tarjetas para el bondi, la vía... y se acabó. Podríamos pensar que se trata de una universidad austera y concentrada en lo académico, que los chicos no van a los bares porque están en sus casas estudiando, dadas las altas exigencias de la casa de estudios. Esto puede ser engañoso. En primer lugar, esos cafés, ese clima, forman una parte sustancial de una experiencia universitaria, porque tiene que ver con el intercambio de ideas. Los conceptos de un autor los puedo leer en casa, los datos que hoy estudio los olvidaré en unos meses, pero los puedo repasar cuando los necesite. Pero el debate a las dos de la mañana sobre cómo cambiar el mundo, que uno tiene a los veinte años, no volverá más. Nos acercamos a la mesa del café para escuchar qué debaten con fervor dos profesores: quién obtendrá la jefatura del departamento el año entrante gracias a una compleja trama de conspiraciones e influencias. Nos acercamos a una mesa de estudiantes: debaten sobre las notas obtenidas en el tercer parcialito.
Nos alejamos rumbo a la vía con pastos altos pensando que una universidad debería ser otra cosa, algo más estimulante y divertido, al menos con el clima suficiente como para que se formen parejas. Son las 8 PM y todo el mundo se está yendo a su casa, contento de concluir con una jornada de cursada obligatoria. Nos vamos decepcionados intentando intuir por qué esta chatura: imaginamos que el clima externo tiene que ver con cosas que pasan dentro de los claustros, pero eso lo dejamos para otra ocasión.

Para Ignacio, la patria peronista

Siguiendo el debate Argentina-Chile, progreso vs sub-desarrollo, sumamos a la discusión este breve párrafo proveniente de un post de lacienciamaldita. Y por un tiempo más no hacemos más posts político-económicos... ni filoperonistas. Y sí, algunos de los que escriben en este blog votaron a Kirchner. ¿Tan mal está eso?

Con los datos que adelanta Pravda, me animo a decir que cuando el gobierno de Kirchner termine su mandato completará el período presidencial de cuatro años más exitoso económicamente en la historia universal, con un aumento de un tercio en el PBI per cápita, caída del desempleo de 20% a 8.5% y disminución de la desigualdad (top 10 vs bottom 10 de 40 veces a 25). OK, está la inflación, pero aún así: Es mucho para mí.