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sábado, diciembre 27, 2008

¡Feliz nuevo año!

El blog muy abandonado, pero al menos la vidriera está cambiada...

Muchos saludos a todos en estas fiestas, en breve, el ranking de los mejores libros y discos del 2008.


martes, diciembre 09, 2008

Cuentos que me gustaron

Fabián Casas: Ocio. Seguido de Veteranos del pánico, Santiago Arcos editor.

He leído de Fabián Casas varias cosas que me gustaron mucho: Los lemmings y otros relatos, Ensayos bonsai, y su blog Mal elemento (la verdad es que adeudo la lectura de sus poesías) . Así que cuando aparece un nuevo librito, me lo devoro muy contenta.
Ahora se trata de dos cuentos largos concatenados. Ocio trata sobre un chico que no hace nada, o casi nada. Salvo leer, escuchar música, drogarse, dormir, comer. Las actividades básicas de subsistencia llevadas a su última instancia. Y también pensar mecanismos para seguir haciendo nada, como fingir buscar trabajo en tanto va a ver propiedades que nunca podrá comprar. Vive en su casa con su padre y su hermano: los tres, islas con escasa comunicación. Y en ese ocio letal tiene un amigo, Roli, con quien comparte charlas de literatura, drogas y el oficio de dealers improvisados.
Veteranos del pánico
parece narrar los antecedentes de la misma historia, igual casa vieja gigante en Boedo, pero remontándose a la historia de sus padres, muy especialmente de su tía favorita. Inecita, hermana menor de su madre, era una verdadera bomba asociada al despertar sexual del protagonista.
Creo que para comprender a Fabián Casas hay un pasaje brevísimo que define una obra muy marcada con lo generacional. Es un pequeño fragmento de Ensayos bonsai titulado "Crecimos con Videla". Allí se muestra claramente el derroteo generacional de quienes fueron chicos bajo la dictadura, adolescentes en la primavera alfonsinista y accedieron a la adultez bajo el menemismo. Máculas que signan temáticas y estilo de una generación de la cual Fabián Casas es uno de los mejores exponentes. Sería bueno que escribiera una novela que nos permita disfrutar de sus personajes un poco más...

viernes, noviembre 14, 2008

Agradable sorpresa del jazz local

Alejandra Bayas: Daydream, Sjazz.

Esta semana aparecieron dos novedades del jazz local. Se trata del nuevo disco de Jodos: El jardín seco y el CD de Alejandra Bayas: Daydream. Si bien nadie discute que Ernesto Jodos es brillante al piano, el hecho de que la mayoría de los temas sean de su propia autoría desluce un tanto el disco. El segundo CD, en cambio, que opta por el camino del versionar temas clásicos resulta, paradójicamente, más sorprendente. Alejandra Bayas con una voz chiquita y mucha onda para tocar el piano, logra un buen resultado.

Este disco fue producido por Adrián Iaies, quien también participa tocando el piano. Alejandra arregló la mayoría de los temas y también puso letra a dos temas de Bud Powell y uno de Thelonious Monk. Participan músicos muy importantes en la escena del jazz local, como Pepi Taveira en batería, Jerónimo Carmona en contrabajo, Ricardo Cavalli en saxo, Miguel Tarzia en guitarra e Ignacio Amil en piano.

El repertorio del disco incluye standards de jazz clásico, temas de Duke Ellington, Monk, Bud Powell, un arreglo de Eleanor Rigby, (el conocido tema de The Beatles), entre otros. Uno de mis favoritos es su versión de "Nature Boy", canción popularizada por Nat King Cole, que tenemos todos muy presentes en razón de Moulin Rouge, y que tiene excelentes versiones de cantantes de jazz actuales, como la de Abbey Lincoln y la de Casandra Wilson. No obstante, la versión de Alejandra Bayas logra captar la esencia del tema y el contrabajo de Carmona parece el elemento clave de una versión intimista en la que ella casi susurra: "The greatest thing you'll ever learn/ Is just to love and be loved in return."

miércoles, noviembre 12, 2008

Desesperanza en el oído del sordo

Ayer, cuando terminó la tormenta, comenzó a aparecer gente por la librería. Queriendo atender a todos, no atendía bien a ninguno. Había un dentista escuchando las novedades de jazz & clásica, un señor preguntaba por discos de Midón para su hijo, este último y su mamá se apoltronaban en el espacio infantil, unas adolescentes preguntaban por el disco de un banda que no conozco, una señora llevaba el disco nuevo de Yo-yo-Ma, un chico con look alternativo pedía el último CD de Juana Molina, un cliente -por suerte piola y paciente- se acercaba con el libro Divisadero en una mano y un disco de Naxos en otra, mientras yo intentaba saludar a una amiga que había venido a visitarme segura de que la lluvia me mantendría en un saludable aburrimiento. También había un chico al que su timidez y cortesía le aseguraban ser atendido en último lugar. Hasta que en un hueco pudo preguntarme si podía dejar unos libros de poesía. Me pareció que en la confección del remito se demoraba más de la cuenta, y era porque estaba dedicando un libro que se había decidido a obsequiar a la librería.

El malón post lluvia se retiró y yo me dispuse a acomodar el libro nuevo en su lugar y hojearlo un poco. Aclaremos que yo no leo poesía, y por tanto no puedo dar una opinión fiable, que una persona que se declara desesperadamente inútil para casi todo, se considera buena lectora de novelas y, por tanto, se especializa. Pero el sentido loser de la poesía de Nicolás Bedini en Decirte al oído me cautivó de inmediato. Abrí el libro al azar y leí el siguiente pasaje:

Cambiazo

"Un panqueque
de dulce de leche
rodajas de banana
bañado en chocolate
es a lo único que puede aspirar
mi angustia
en este domingo sin novia."

Guau. Y esta estética de la confesión triste se continúa:

¡Nunca des por desahusiado a un conejito!

"Compre una caja de preservativos
prime de 12
multicolor
que duró 10 meses.

La última vez que tuvimos sexo
fue hace mucho
y lo poco que recuerdo
es más bien patético."

Las lunas son amarillas

"Nunca fui un tipo piola

Es muy probable que el resto de mi vida
la pase cargando y descargando equipos
musicalizando bautismos, compromisos, quinces y dieciochos
bodas de plata, bodas de oro
(fiestas menores para cualquier dj artista)
y escribiendo poemas auto-referenciales"


Me sentí contrariada por no haberle prestado más atención al poeta. No haber podido felicitarlo por su libro. Leí Decirte al oído dos veces, una ayer y otra hoy, y ahora lo repaso para escribir esta croniquita. Y encuentro cada vez nuevas cosas tristes, llenas de desconsuelo y ausentes de esperanza. El lamento de un DJ sordo, a mí que también soy medio sordita, me conmovió profundamente.

http://www.clarin.com/suplementos/si/2002/04/26/3-00316.htm