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jueves, diciembre 29, 2005

Regalos navideños

Nuevamente pedimos disculpas a los lectores de este blog por el abandono del espacio en la semana de navidad. Lo bueno es que en medio del caos pudimos continuar nuestra labor de etólogos amateur truchos, y descubrimos la desgracia que sufren aquellos que cuentan con parientes a los que es imposible regalarle algo.
Manucho, nuestro vendedor estrella, intenta ayudar a una pareja en problemas que busca un regalo para el padre de él. Sigue los consejos del alemán Herbert Paulerberg en “El arte de vender libros” e intenta ubicar el tipo humano de aquel a quien quieren comprarle un libro (o un disco).

-¿Qué edad tiene?
- Unos 60.
-¿Qué intereses tiene?
- Ninguno.
-¿Preferirá una novela o un ensayo?
- No lo veo leyendo una novela.
- Algún libro periodístico, de actualidad...
- Odia la política.
- ¿Alguna biografía o libro histórico?
- No.
- Un libro humorístico.
- No, es un tano cerrado.
- ¿Y un disco de música italiana?
- No le gusta.
- ¿Y un disco con canciones clásicas americanas? Eso le gusta a todo el mundo...
- No le gusta la música en inglés.
- ¿Tango, folklore?
- ¿Y un libro de cocina?
- Dice que eso es cosa de mujeres.
- ¿Viajes, arte, animales?
- Dejá, no te esfuerces tanto. Mi viejo es un caso perdido. Le voy a regalar un interés en algo, así no sufro tanto cada navidad y cada cumpleaños

lunes, diciembre 26, 2005

Tokyo Blues, por A.B.

Tokyo Blues (Norwegian Wood, en la traducción al inglés) es un libro tan universal como el tema de los Beatles que sirve de inspiración a Murakami. Vale decir, que al leer esta novela uno se olvida que es un autor japonés. Esto es así no sólo por el gusto hiperoccidentalizado de un Murakami, marcado por la literatura y la música norteamericana, sino también porque los problemas de Watanabe, el melancólico protagonista, carecen de fronteras. Se trata de un joven obligado a perder la inocencia y liviandad de la juventud tras el suicidio de su mejor amigo y la tormentosa relación que establece con la novia de éste.
El cocinero salvaje criticó Tokyo Blues aduciendo que a su juicio no había ni suficiente Tokio ni suficiente tristeza. Numerosos comentarios en el blog de Terranova aclararon suficientemente que esa crítica no es lícita porque el libro no se llama Tokio Blues. Pero más allá del equívoco con nombres, subtítulos, traducciones del japonés al inglés y del inglés al castellano, a mí me parece que los personajes recorren permanentemente Tokio. Lo que no podemos encontrar son referencias al bagaje cultural japonés. Los adolescentes que comienzan sus estudios universitarios en Tokio en 1969 parecen tener inquietudes y problemas similares a los de París o México, en una época signada por el reinado de la juventud, la rebeldía y la batalla generacional. Murakami no describe el Tokio ancestral, sino el que vivía la juventud japonesa de los ´60.
En cuanto a que no hay suficiente tristeza... Watanabe sufre el suicidio de su mejor amigo, se enamora de la novia de él que enloquece, y también de otra joven cuya madre ha muerto y tiene a su padre enfermo. Watanabe no tiene amigos, tiene muchos problemas para relacionarse, se ha encerrado en sí mismo, en sus libros y sus discos, para evitar más dolor. No se cuánta más tristeza pueda el lector aguantar.
Por último, Terranova reniega de la concepción del sexo que aparece en la novela. Los personajes parecen no poder fusionar sexo y amor. No parece que Murakami esconda tras sus historias una concepción pacata, sino simplemente la visión que un joven decepcionado y triste tiene del amor, el sexo y la vida. Tokio Blues es una novela cautivante y melancólica, plagada de relatos de vida e historias cruzadas que atrapan y pierden al lector en un bosque oscuro de corazones destrozados.

jueves, diciembre 22, 2005

Muchas felicidades!!!

Estimado lectores, amigos y clientes:
Queríamos desearles a todos unas muy "Felices Fiestas" y agradecerles por todos sus comentarios, críticas, elogios, mails y pedidos. Queríamos aprovechar también para pedir disculpas porque hace unos días que no hay posts en nuestro blog, producto del mucho trabajo que tenemos en nuestro local "real". Nos comprometemos a reanudar nuestro placentero trabajo en Sibelius Diario cuando haya terminado la procesión de sidras, comida fría, parientes, regalos, pirotecnia y borrachera.
Un gran abrazo a todos y gracias!!!

sábado, diciembre 17, 2005

Los lamentos de un ex joven K

Mi amigo Manucho es un kirchnerista de la primera hora. Estudiante de ciencias políticas y filoperonista, fue parte del selecto 22% que votó a Kirchner en la primera vuelta. Reconoce que fue sólo un voto defensivo contra Menem, pero cuando el nuevo presidente se peleó con Escribano, Grondona y dio un discurso antológico de asunción, Manucho enloqueció de la dicha. Por fin tenía un presidente con el que se sentía identificado.
Como buen joven K defendió al pingüino y sus ministros en toda discusión: el impecable Lavagna, los demoníacos Fernández, pesadilla de cualquier oposición, el respetable Filmus, el justo Ginés González García. Se sintió orgullosísimo del Secretario de Cultura Di Tella, e intentó explicarle a la tilinguería que el funcionario era brillante, y decía verdades como piedras, por lo que tuvo que irse.
Poco a poco las críticas al gobierno fueron más duras, más tangibles, menos fáciles de manejar. Pero Manucho resistió con valor: los fondos de Santa Cruz, las sospechas sobre el cajero De Vido (¿es Banelco o Link?), la desprolija salida de Prat Gay del Banco Central, D´elía incendiando la comisaría, el caos de Boedo, los disturbios en la cumbre de Mar del Plata...
Pero como todo buen peronista Manucho es comedor de asados. Es más, es un verdadero experto en productos cárnicos. Es su amor por la vaca argentina lo que lo ha hecho nacionalista. El atroz aumento de la carne ha puesto a Manucho en una encrucijada. Y como cualquier buen argentino, al tener que optar por la pasión política o la estomacal, eligió por un buen asado y se transformó en opositor al gobierno.
Manucho explica teóricamente sus razones. Según él, el peronismo y la carne vacuna están inextricablemente unidos. De hecho, uno de los principales mitos del antiperonismo tiene que ver con la carne: el cuento de que los peronistas usaban el parquet de las viviendas populares regaladas por Perón como combustible para el asado. En la actualidad un peronista debe vender el departamento para pagarse el asado.
Manucho está triste porque le gustaba ser oficialista, y no le agradan sus compañeros de lucha en la oposición. Ahora escribe en La Nación Junto a Joaquín Morales Solá, que no está dispuesto a que para pagar la deuda externa los argentinos debamos sacrificar el asado. Eso no ocurre en los países serios.