El otro día un comentarista en el blog señalaba que un supuesto común es que El cazador oculto, de Salinger, puede ser una lectura clave en la vida de un adolescente. No obstante, él se preguntaba por qué. Y más en el caso de las mujeres. No entendía por qué podía ser fascinante esa lectura. Yo tampoco lo sé. Fue un libro que me impactó mucho. No obstante, mi pasión por la lectura fue desencadenada por otro libro. Me mostró que existían otros universos posibles en los cuales tu realidad desaparecía. Este libro fue El gran Meaulnes, de Alan Fournier. Cada vez que se lo comento a alguien me pone cara rara, por considerarlo un texto menor, de un escritor menor. Me imagino que no suena tan bien como citar a Wilde o Salinger.
Hace un par de años releí el libro. Lo hice pese a que me lo desrecomendaron fervorosamente. Me decían que mi recuerdo alucinante iba a chocar contra un libro que no iba a colmar mis expectativas. Sin embargo, el libro volvió a atraparme.
Busco datos en Internet y resulta que siempre fue una novela clásica entre adolescentes, y que se la compara con Harry Potter. La diferencia es que el pobre Fournier murió a los veintiocho años en la guerra y no tuvo tiempo ni de hacer una saga ni de volverse millonario.
Hace un par de años releí el libro. Lo hice pese a que me lo desrecomendaron fervorosamente. Me decían que mi recuerdo alucinante iba a chocar contra un libro que no iba a colmar mis expectativas. Sin embargo, el libro volvió a atraparme.
Busco datos en Internet y resulta que siempre fue una novela clásica entre adolescentes, y que se la compara con Harry Potter. La diferencia es que el pobre Fournier murió a los veintiocho años en la guerra y no tuvo tiempo ni de hacer una saga ni de volverse millonario.
